Jean-Baptiste Pierre de Monet de Lamarck (1744–1829): El Precursor Olvidado de la Evolución

Jean Baptiste de Lamarck

Contexto histórico y social del entorno donde nació Lamarck

Jean-Baptiste Pierre de Monet de Lamarck nació en un periodo de grandes transformaciones en Francia, en el corazón del siglo XVIII, época de la Ilustración y los grandes avances científicos. Su nacimiento en Bazantin, en la región de Picardía, el 1 de agosto de 1744, marcó el inicio de una vida que estaría intrínsecamente ligada al desarrollo de las ciencias naturales. A finales del siglo XVIII, Francia vivía bajo el yugo del Antiguo Régimen, pero la Revolución Francesa estaba a la vuelta de la esquina, transformando el orden político y social. En este contexto, Lamarck se formó y forjó su carrera científica, siendo testigo de las tensiones entre el conocimiento tradicional y las nuevas perspectivas científicas, que poco a poco irían modificando el entendimiento sobre el mundo natural.

La Revolución Francesa, aunque aún lejana cuando Lamarck comenzó su carrera, desempeñó un papel indirecto en el cambio de paradigmas que afectaron a su obra. El siglo XVIII fue también un período de expansión científica en el que el empirismo y el método científico se convirtieron en las bases para entender la naturaleza. La ciencia ya no se consideraba solo una disciplina filosófica, sino una actividad dedicada al conocimiento práctico y la observación. Lamarck, con su afán de explicar los procesos naturales, se adentró en este torrente de innovación científica.

Orígenes familiares, clase social e influencias tempranas

Lamarck fue el undécimo hijo de Philippe Jacques de Monet de La Mark y Marie-Francoise de Fontaines. Aunque provenía de una familia noble, los recursos de la familia eran limitados, lo que situaba a Lamarck en una posición ambigua entre la nobleza empobrecida y la emergente clase media. Su padre era un militar de carrera, lo que influyó en la decisión de enviar a Lamarck al Colegio de los Jesuitas de Amiens, donde se esperaba que siguiera una carrera religiosa. Sin embargo, Lamarck no compartía el mismo fervor por la vida clerical, lo que lo llevó a abandonar los estudios e ingresar al ejército tras la muerte de su padre en 1759.

La vida militar de Lamarck transcurrió entre campañas en el Mediterráneo, lo que le permitió observar la flora y fauna de diversas regiones, influyendo de manera significativa en su futuro interés por la botánica y las ciencias naturales. A pesar de la muerte de su padre y las dificultades económicas, Lamarck continuó su formación en un campo muy diferente al que sus padres habían imaginado para él, marcando una de las primeras decisiones clave en su vida: dejar el camino de la iglesia y buscar un propósito en el ámbito científico.

Formación académica e intelectual

Después de su salida del ejército, Lamarck decidió estudiar medicina en París, donde permaneció durante cuatro años. Fue durante esta etapa en la que comenzó a desarrollar un interés por la botánica, la meteorología y la química, disciplinas que se entrelazaban profundamente en su concepción de la naturaleza. Lamarck era un hombre curioso, incansable, dispuesto a adentrarse en el conocimiento de la vida y los procesos que la sustentaban. Este periodo de su vida fue crucial, pues fue cuando se dio cuenta de que su vocación no estaba en la medicina práctica, sino en el estudio y la clasificación de la naturaleza.

En sus primeros años en la capital francesa, Lamarck estuvo en contacto con científicos de renombre y, a través de ellos, comenzó a comprender la importancia de los métodos experimentales y de observación que estaban transformando la ciencia de la época. Fue su relación con el naturalista Georges-Louis Leclerc, conocido como Buffon, lo que marcó el comienzo de su carrera científica. Buffon, quien dirigía el Jardín del Rey, un centro científico clave de la época, lo introdujo en el mundo de la taxonomía y la botánica, un campo en el que Lamarck llegaría a destacarse.

Primeros intereses o talentos observables

La fascinación de Lamarck por las ciencias naturales, y particularmente por la botánica, comenzó durante sus viajes por el Mediterráneo, donde observó la variada flora de las regiones que visitó. Esta afición por las plantas se consolidó cuando, al ingresar al Jardín del Rey, Lamarck comenzó a estudiar la clasificación de especies vegetales. Su interés por la naturaleza no se limitaba a la botánica; también desarrolló un notable interés por la química y la física, campos que consideraba fundamentales para comprender los procesos que regulaban el funcionamiento de los seres vivos.

A pesar de su formación en medicina, la recolección de conchas de moluscos, su curiosidad por los insectos y el análisis de la estructura de los vegetales ocuparon la mayor parte de su tiempo y esfuerzo. En este sentido, Lamarck fue uno de los primeros científicos en integrar la observación de la flora y la fauna en un sistema clasificatorio coherente, algo que le permitió obtener reconocimiento dentro de la comunidad científica de la época. La influencia de Buffon también fue fundamental, pues le permitió participar activamente en las investigaciones científicas del Jardín del Rey, lo que le otorgó una visibilidad temprana en el ámbito científico.

Primeras decisiones y acciones que marcaron su camino

Lamarck no solo se dedicó a la botánica, sino que también exploró nuevas vías de conocimiento dentro de las ciencias naturales, tales como la zoología, la química y la meteorología. Su publicación de la obra Flore françoise en 1779 fue un hito en su carrera, ya que gracias a esta obra, fue admitido en la Academia de Ciencias. Esta obra, que presentaba una nueva clasificación de las plantas, fue una de las primeras en proponer un sistema más accesible y lógico para identificar las especies vegetales, superando el sistema sexual de Linneo. Esta nueva perspectiva en la clasificación de plantas consolidó la reputación de Lamarck como un naturalista emergente.

Su nombramiento en 1793 como profesor de zoología en el recién creado Museo de Historia Natural de París marcó un punto de inflexión en su carrera. Lamarck no solo impartió clases, sino que también comenzó a clasificar a los invertebrados, una tarea que le permitió acercarse al concepto de la evolución de las especies. Fue en este periodo cuando Lamarck desarrolló sus ideas más radicales sobre la evolución, desafiando la noción prevalente de la inmutabilidad de las especies y proponiendo que las especies podían transformarse a lo largo del tiempo.

Al igual que su mentor Buffon, Lamarck contribuyó al desarrollo de una nueva comprensión del mundo natural, pero, a diferencia de muchos de sus contemporáneos, Lamarck aceptó la idea de un proceso dinámico y transformador en la naturaleza, un concepto que más tarde sería conocido como el lamarckismo. Este enfoque renovador sentó las bases para una nueva forma de entender la biología y, aunque sus ideas no fueron completamente aceptadas en su tiempo, el impacto de su obra sobre la evolución sería fundamental en la historia de la ciencia.

Desarrollo de su carrera científica y sus logros

Lamarck continuó desarrollándose como un destacado naturalista a lo largo de las primeras décadas del siglo XIX, consolidando su lugar en la historia de las ciencias naturales. A medida que su carrera avanzaba, su trabajo se expandió hacia una variedad de campos, desde la zoología hasta la meteorología y la química, lo que le permitió dar forma a sus ideas evolucionistas. El año 1801 fue clave para Lamarck, pues con la publicación de su Système des animaux sans vertèbres (Sistema de animales sin vértebras), logró captar la atención de la comunidad científica de su tiempo. Esta obra se convirtió en una de las primeras clasificaciones detalladas y sistemáticas de los invertebrados, un campo que Lamarck había estado estudiando profundamente. En ella, subdividió a los animales invertebrados en varias clases, una clasificación que evolucionaría a medida que sus ideas sobre la transformación de las especies también lo hacían.

El verdadero salto hacia el reconocimiento ocurrió en 1809, con la publicación de su obra Philosophie zoologique (Filosofía zoológica), que sería la más famosa de todas sus publicaciones. En esta obra, Lamarck presentó su teoría más revolucionaria: la idea de que las especies no son fijas e inmutables, sino que están en constante cambio y evolución a lo largo del tiempo. A través de la llamada «herencia de los caracteres adquiridos», Lamarck sugería que los organismos podían desarrollar características nuevas en respuesta a su entorno y que estas características podían ser transmitidas a sus descendientes. Aunque la teoría del lamarckismo no fue completamente aceptada en su época, sentó las bases de la teoría evolutiva que más tarde sería perfeccionada por Charles Darwin.

Logros en sus campos de estudio

Lamarck tuvo una carrera científica marcada por su versatilidad y la amplitud de sus intereses. En el campo de la botánica, su trabajo en el Flore françoise y sus investigaciones sobre la clasificación de las plantas le aseguraron un lugar importante en la historia de la ciencia. En este campo, Lamarck se alejó del sistema de clasificación de Linneo, buscando una forma más práctica y accesible de organizar las especies. Introdujo la clasificación jerárquica de las plantas, basada no solo en características morfológicas, sino también en las relaciones evolutivas entre ellas, un enfoque que se adelantaba a su tiempo.

En la zoología, sus investigaciones sobre los invertebrados fueron fundamentales para el desarrollo de la taxonomía moderna. El Système des animaux sans vertèbres fue una obra pionera que propuso una visión detallada de los animales sin espinas dorsales, los cuales fueron clasificados de acuerdo con características estructurales comunes. Lamarck también jugó un papel crucial en la clasificación de los fósiles de moluscos, trabajando en la analogía entre estos fósiles y las formas vivientes. Esta visión transformista fue un desafío directo a las teorías catastrofistas de Georges Cuvier, quien defendía que las especies desaparecían a través de cataclismos catastróficos, sin un proceso gradual de cambio.

En el ámbito de la química, Lamarck también hizo importantes contribuciones. Publicó varios trabajos que relacionaban la química con las ciencias naturales, como Recherches sur les causes des principaux faits physiques (1794) y Refutation de la théorie pneumatique (1796). A lo largo de estos estudios, apoyó su concepción de la naturaleza sobre la base de los cuatro elementos: tierra, aire, agua y fuego, un enfoque muy en boga en su época. Lamarck, al igual que muchos científicos de su tiempo, consideraba que el fuego era el principio vital detrás de las sustancias materiales, influenciando tanto los fenómenos físicos como biológicos.

Además, su interés por la meteorología lo llevó a publicar artículos importantes como el Annuaire météorologique (1800-1810), donde introdujo la idea de que el clima y los cambios meteorológicos podrían influir de manera directa en las especies que habitaban ciertos territorios. Para Lamarck, el clima desempeñaba un papel crucial en la formación de las variedades de seres vivos, un concepto que también estaba relacionado con su visión de la evolución.

Relaciones clave con otros científicos

A lo largo de su carrera, Lamarck entabló varias relaciones con científicos influyentes que, aunque en algunos casos fueron positivas, también estuvieron marcadas por desacuerdos y rivalidades. Su amistad con Georges-Louis Leclerc Buffon fue decisiva para su desarrollo profesional. Gracias a Buffon, Lamarck se introdujo en el mundo académico y científico, participando en importantes proyectos de investigación y publicando su obra Flore françoise. Sin embargo, no fue el único con quien compartió ideas. Georges Cuvier, el principal opositor de Lamarck, fue una figura clave en la historia de la ciencia. Cuvier defendía la teoría del fijismo, es decir, la creencia de que las especies eran inmutables. La lucha de Lamarck contra el pensamiento de Cuvier representó una de las grandes confrontaciones científicas de la época, y aunque Lamarck no pudo consolidar su teoría evolutiva durante su vida, su influencia fue significativa.

Charles Darwin, aunque no fue contemporáneo de Lamarck, reconoció la importancia de las ideas del naturalista francés. Darwin, en sus investigaciones sobre la evolución, adoptó algunos aspectos del lamarckismo, aunque, a diferencia de Lamarck, no consideró que los caracteres adquiridos pudieran ser heredados de manera directa. A pesar de la crítica que hizo a Lamarck en su obra El origen de las especies, Darwin entendió que el trabajo de Lamarck había sido esencial para sentar las bases del pensamiento evolutivo.

Obstáculos y controversias

La carrera de Lamarck estuvo plagada de obstáculos, especialmente debido a las críticas que recibió de muchos de sus contemporáneos. Su teoría del lamarckismo, que postulaba la herencia de los caracteres adquiridos, fue recibida con escepticismo y, en muchos casos, con rechazo. Cuvier, un firme defensor del fijismo y las teorías catastrofistas, fue uno de los más grandes opositores a Lamarck. A pesar de la evidencia empírica que Lamarck presentó, sus teorías no lograron establecerse en su tiempo, en parte debido a la falta de una base experimental sólida y la ausencia de pruebas que respaldaran su propuesta de evolución.

Este rechazo en vida de sus ideas fue un golpe considerable para Lamarck, quien dedicó gran parte de su carrera a defender su visión transformista de la naturaleza. No obstante, a pesar de las dificultades, Lamarck nunca dejó de trabajar, y su legado, aunque parcialmente ignorado en su época, sería revisado y apreciado mucho tiempo después.

Últimos años y declive personal

A medida que la salud de Lamarck se deterioraba en la década de 1810, su vida y obra pasaron a un segundo plano dentro de la comunidad científica. En 1818, su deterioro visual fue tan severo que quedó prácticamente ciego. Sin embargo, a pesar de la pérdida de visión, no abandonó su pasión por la ciencia. En su lugar, dictaba sus trabajos a uno de sus hijos, quien los transcribía y continuaba con la labor de recopilación de datos. A pesar de su incansable trabajo, las dificultades económicas y la falta de reconocimiento no dejaron de marcar sus últimos años. Lamarck pasó sus últimos días aislado en un pequeño departamento dentro del Museo de Historia Natural de París, un lugar que había sido su segunda casa a lo largo de su carrera.

Lamentablemente, en sus últimos años, la situación financiera de Lamarck empeoró, y su funeral fue una prueba del abandono que sufrió en vida. Para costear los gastos del funeral, sus colecciones científicas y libros fueron vendidos en subasta pública. A pesar de haber sido uno de los naturalistas más influyentes de su tiempo, su legado parecía estar en riesgo de ser olvidado. Sin embargo, sus contribuciones seguirían resonando más allá de su muerte.

Impacto en su época y percepción contemporánea

Durante su vida, Lamarck no recibió el reconocimiento que merecía. Su teoría de la evolución fue rechazada por la mayoría de los científicos contemporáneos, especialmente por aquellos como Cuvier, que se oponían al concepto de la transformación gradual de las especies. Su propuesta de la «herencia de los caracteres adquiridos» fue vista con escepticismo debido a la falta de pruebas experimentales y la forma en que Lamarck construyó sus teorías, más basadas en la observación filosófica que en la experimentación rigurosa.

No obstante, algunos científicos contemporáneos, incluidos Buffon y Darwin, valoraron la importancia de sus ideas. Buffon, como mentor de Lamarck, influyó considerablemente en su pensamiento, aunque no compartía todas sus teorías. Por otro lado, Darwin, aunque criticó ciertos aspectos del lamarckismo, reconoció que Lamarck fue uno de los pioneros en plantear la posibilidad de la evolución. Lamarck, al igual que otros naturalistas de la época, estaba contribuyendo a una visión más dinámica y fluida de la naturaleza, algo que se consolidaría en las teorías evolutivas modernas.

Reinterpretaciones históricas posteriores a su muerte

Aunque Lamarck no fue ampliamente reconocido durante su vida, su obra experimentó una revalorización después de su muerte, especialmente a medida que el campo de la biología evolutiva fue ganando terreno en el siglo XIX. En el contexto de la expansión de la teoría evolutiva, las ideas de Lamarck fueron finalmente vistas como precursoras del darwinismo, aunque con importantes diferencias. Mientras que Darwin postulaba la selección natural como el mecanismo que impulsaba la evolución, Lamarck planteó la idea de que las especies cambiaban debido a la adaptación de los organismos a su entorno, y que estos cambios podían ser heredados por las siguientes generaciones.

La posterior aceptación de la evolución como un fenómeno gradual y continuo hizo que las ideas de Lamarck fueran redescubiertas y apreciadas en el siglo XX. Aunque el lamarckismo fue reemplazado por la teoría darwiniana en gran medida, el trabajo de Lamarck sigue siendo considerado un paso fundamental en la construcción del pensamiento evolutivo. Su insistencia en que las especies no son inmutables y su enfoque sobre la influencia del entorno en los seres vivos fueron importantes avances para la biología.

Influencia duradera en generaciones futuras

El impacto de Lamarck se extendió mucho más allá de su tiempo. Si bien la teoría del lamarckismo fue eventualmente eclipsada por la teoría darwiniana, las ideas de Lamarck sobre la transformación gradual de las especies influenciaron a generaciones de científicos y biólogos. En especial, su énfasis en la relación entre los seres vivos y su entorno, así como su creencia en un proceso evolutivo dinámico, dejó una huella profunda en la biología moderna.

A lo largo del siglo XIX y XX, las ideas de Lamarck, especialmente aquellas relacionadas con el medio ambiente como motor de cambio, experimentaron una nueva interpretación. El lamarckismo fue revisado y adaptado, influyendo en desarrollos posteriores en la biología, como la teoría del epigenetismo, que examina cómo los factores ambientales pueden influir en la expresión genética y ser transmitidos a las generaciones futuras, de una manera que recuerda la teoría de Lamarck.

Hoy en día, Lamarck es considerado uno de los pioneros en la comprensión de la evolución, un pensador que, aunque erróneo en muchos aspectos, estuvo entre los primeros en romper con la visión estática de la naturaleza que dominaba la ciencia de su tiempo.

Cierre narrativo

El legado de Jean-Baptiste Pierre de Monet de Lamarck está marcado por la paradoja de ser un precursor olvidado. Mientras vivió, sus ideas fueron recibidas con escepticismo y rechazo, pero con el paso del tiempo, su visión de una naturaleza cambiante y en evolución ha sido reconocida como una contribución crucial al desarrollo de la biología evolutiva. Su trabajo sentó las bases para el posterior desarrollo de la teoría de la evolución, y su nombre perdura en la historia de la ciencia, no solo como un científico influyente, sino también como un ejemplo de cómo las ideas innovadoras pueden ser marginadas en vida, solo para ser valoradas más tarde.

El estudio de Lamarck no es solo un ejercicio de entender su época, sino también de reflexionar sobre cómo el pensamiento científico evoluciona y cómo las ideas, aunque no siempre aceptadas, pueden transformarse con el tiempo en pilares fundamentales de la ciencia moderna. Lamarck, como muchos otros pioneros, demostró que la ciencia avanza mediante la resistencia y la adaptación, tal como él mismo propuso para las especies.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Jean-Baptiste Pierre de Monet de Lamarck (1744–1829): El Precursor Olvidado de la Evolución". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/lamarck-jean-baptiste-pierre-de-monet-de [consulta: 6 de febrero de 2026].