Kano Jigoro (1860–1938): El Fundador del Judo y Pionero en la Ciencia de las Artes Marciales

Kano Jigoro (1860–1938): El Fundador del Judo y Pionero en la Ciencia de las Artes Marciales

Introducción a la vida de Kano Jigoro (1860-1938)

Kano Jigoro es una de las figuras más influyentes en la historia de las artes marciales, reconocido mundialmente como el fundador del judo. Su vida y legado no solo transformaron el panorama de las disciplinas de combate, sino que también dejaron una huella perdurable en la cultura y la educación japonesa. Nacido en una familia de altos funcionarios imperiales en 1860, Kano no solo desafió las normas físicas de su cuerpo frágil, sino también las tradiciones establecidas de las artes marciales de su tiempo, creando un sistema que enfoca no solo la fuerza física, sino también el desarrollo del espíritu.

Su historia comienza en un Japón que vivía una época de transición, con la Restauración Meiji y la modernización del país en pleno auge. Fue en este contexto que Kano, desde joven, fue moldeando su visión del jujutsu, adaptándolo con principios que permitirían su práctica a nivel mundial, y llevando el judo a convertirse en un deporte olímpico reconocido internacionalmente.

Infancia y Juventud: Orígenes de un futuro maestro

Kano Jigoro nació el 28 de octubre de 1860 en el pueblo de Mikatse, en la provincia de Hyogo (actualmente parte de Kobe). Su familia, aunque acomodada, no estaba exenta de dificultades. Desde pequeño, Jigoro fue un niño enfermizo y de constitución débil, lo que influyó profundamente en su vida y en su decisión de involucrarse en las artes marciales. Siendo el tercero de cinco hermanos, Kano era consciente de su fragilidad física, lo que lo llevó a buscar formas de defenderse y fortalecerse a través del estudio de las artes marciales.

El camino hacia la superación personal comenzó en su juventud, cuando a los 18 años se trasladó a la ciudad de Kioto para estudiar en la Universidad de Kioto, en la Facultad de Ciencias Políticas. Este traslado fue un momento significativo en su vida, ya que Kioto era un centro de conocimiento y tradición marcial en la segunda mitad del siglo XIX, época en la que el jujutsu todavía era muy popular en Japón. Su fascinación por las artes marciales le permitió encontrar su verdadero propósito, ya que sentía que el jujutsu le ofrecería una forma de vida más saludable y fuerte, acorde a sus propias limitaciones físicas.

Un viaje hacia el conocimiento y la superación personal

En la Universidad de Kioto, Kano comenzó su búsqueda por dominar el jujutsu, una disciplina que en esa época estaba dividida en diversas escuelas, cada una con sus propias técnicas y métodos de enseñanza. Al principio, se inscribió en la escuela de Ryuji Katagiri, pero su maestro la consideró una disciplina para jóvenes más robustos y no le permitió continuar. Sin embargo, en lugar de rendirse, Kano siguió su pasión y buscó a otros maestros, encontrando un aliado en Fukuda Hachinosuke, quien le permitió explorar más libremente las técnicas de combate.

Fukuda, quien practicaba un enfoque más flexible del jujutsu, fue una figura clave en los primeros años de formación de Kano. Bajo su tutela, Kano comenzó a perfeccionar su técnica, y aprendió a enfrentar a adversarios más fuertes utilizando movimientos ágiles y precisos. Sin embargo, el destino de su maestro cambió repentinamente cuando, en 1879, Fukuda falleció de una grave enfermedad. Tras este hecho, Kano pasó a estudiar bajo la dirección de Iso Masachi, un reconocido maestro del jujutsu, quien se convirtió en su mentor durante los dos años siguientes.

Inicios en las artes marciales: Formación y primeros logros

La experiencia de Kano en la escuela de Iso Masachi le permitió no solo adquirir destreza técnica, sino también adentrarse más profundamente en la filosofía de las artes marciales. Sin embargo, no fue suficiente para él: sentía que el jujutsu, tal como lo conocía, necesitaba una transformación. Observó que muchas de las técnicas tradicionales eran peligrosas, especialmente para personas de su complexión física, lo que lo llevó a la idea de un sistema de combate más accesible y seguro.

Fue entonces cuando Kano comenzó a concebir la idea de un nuevo enfoque en las artes marciales: uno basado en la optimización de la técnica y el uso de la inteligencia para superar a un oponente, en lugar de depender solo de la fuerza física. Empezó a estudiar en profundidad los principios científicos que podrían mejorar el jujutsu, basándose en la teoría del desequilibrio y el control. Comenzó a desarrollar una serie de técnicas de proyección que se caracterizaban por usar un mínimo de esfuerzo para desequilibrar al oponente, aprovechando los giros de cadera y hombros.

La técnica «kata-guruma», que más tarde se convertiría en una de las más emblemáticas del judo, fue una de sus primeras innovaciones. Consistía en un movimiento fluido que permitía arrojar al oponente al suelo utilizando un giro de los hombros. Esta técnica, junto con otras que desarrolló, marcó el inicio de la creación de un sistema que se alejaría de los aspectos más peligrosos del jujutsu tradicional, enfocándose en la seguridad, el equilibrio y la eficiencia.

La creación del Kodokan: El primer dojo

En 1882, con tan solo 22 años, Kano fundó el Kodokan en Tokio, un dojo que se convertiría en el epicentro del nuevo estilo de lucha que él estaba desarrollando. Este dojo no solo era un lugar de entrenamiento, sino que representaba la visión de Kano para un sistema de enseñanza más accesible, basado en principios pedagógicos innovadores. Al principio, Kano no tenía muchos recursos, pero con el apoyo de sus discípulos más cercanos y su dedicación inquebrantable, el Kodokan se fue consolidando rápidamente como la sede del judo.

Una de las claves del éxito de Kano fue su habilidad para enseñar y motivar a sus estudiantes. Adoptó una disciplina rigurosa, pero también se mostró generoso con aquellos estudiantes más humildes, ayudándolos con comida y ropas. El Kodokan creció, y junto con él lo hizo el judo, un arte marcial que comenzó a ganar adeptos tanto en Japón como en el extranjero.

A pesar de las dificultades iniciales, como los daños causados por los entrenamientos al templo en el que inicialmente estaba ubicado el Kodokan, Kano logró consolidar su visión. Para 1884, el Kodokan ya se había establecido como una institución sólida, y Kano continuó desarrollando el judo, estableciendo reglas claras y principios filosóficos que más tarde se reflejarían en la estructura del deporte moderno.

Kano Jigoro y la transformación del jujutsu en judo

El camino de Kano hacia la creación del judo no fue solo técnico, sino también filosófico. A medida que su conocimiento de las artes marciales se profundizaba, se dio cuenta de que el jujutsu, tal como existía en su época, no estaba completamente alineado con lo que él consideraba principios de enseñanza más racionales y seguros. En lugar de basarse en técnicas destructivas, Kano comenzó a experimentar con métodos que minimizaban el esfuerzo y la fuerza física, centrándose en el equilibrio y el aprovechamiento de la energía del oponente.

Kano introdujo una serie de innovaciones que diferenciaron su enfoque de las artes marciales tradicionales. Su principal aporte fue la técnica de «randori», un tipo de lucha libre en la que los participantes podían practicar su destreza y reacción sin la rigidez de las formas tradicionales. El «randori» permitía a los estudiantes desarrollar una mayor habilidad en la lucha al enfrentarse a un oponente sin restricciones, lo que favorecía una práctica más fluida y adaptativa.

Además de esto, Kano perfeccionó su propia versión de la proyección, comenzando a desarrollar técnicas específicas para desequilibrar al oponente con el mínimo esfuerzo. La técnica «kata-guruma» fue uno de los primeros frutos de este enfoque. En esta técnica, el luchador utilizaba su cadera y hombros para arrojar al oponente al suelo, haciendo uso de su agilidad y precisión en lugar de pura fuerza física. Estas innovaciones, que pusieron énfasis en la eficiencia y el control, pronto se convirtieron en los pilares fundamentales del judo, un sistema que no solo buscaba derrotar al oponente, sino también perfeccionar el cuerpo y el espíritu.

Al adoptar principios científicos y pedagógicos en la formación, Kano buscaba una disciplina que fuera accesible y segura para todos, independientemente de su tamaño o fuerza. De este modo, el judo comenzó a alejarse del concepto de lucha destructiva y a convertirse en un deporte donde la técnica y el control mental y físico eran esenciales.

Expansión y consolidación del judo en Japón y el mundo

A lo largo de las siguientes décadas, el judo se consolidó como una disciplina en crecimiento, tanto en Japón como en el resto del mundo. El Kodokan, el dojo fundado por Kano en 1882, se convirtió rápidamente en el centro de este nuevo sistema de lucha. En él, se enseñaban no solo las técnicas físicas, sino también los principios filosóficos del judo, que incluían el respeto mutuo, la mejora continua y la disciplina. La práctica del judo comenzaba a adquirir una dimensión más profunda, que iba más allá de la competencia física y se basaba también en el desarrollo personal y el fortalecimiento del espíritu.

El judo también comenzó a atraer la atención fuera de Japón, y Kano aprovechó cada oportunidad para difundir su arte. En 1889, durante uno de sus primeros viajes al extranjero, Kano realizó demostraciones de judo en Marsella, Francia, lo que abrió las puertas a la internacionalización del deporte. A lo largo de su vida, Kano continuó viajando a Europa, China y otras partes del mundo, realizando presentaciones y enseñando judo, lo que ayudó a consolidar la fama de esta disciplina fuera de Japón.

Uno de los hitos más importantes en la carrera internacional del judo ocurrió en 1912, cuando Kano fue invitado como miembro del Comité Olímpico Internacional (COI), lo que lo convirtió en el primer japonés en ocupar un puesto en este influyente organismo. A partir de ahí, continuó su labor de embajador del judo, asistiendo a los Juegos Olímpicos de Estocolmo (1912), Los Ángeles (1932) y Berlín (1936). En 1915, el rey Gustavo de Suecia le otorgó la medalla olímpica en reconocimiento a sus esfuerzos por promover el deporte dentro de un espíritu elevado.

Matrimonio y vida familiar: Kano en su faceta personal

En 1891, Kano contrajo matrimonio con Sumako, la hija mayor del «sensei» Takezoe, un antiguo embajador japonés en Corea. La pareja tuvo nueve hijos, de los cuales uno, Risei, continuó el legado de su padre, convirtiéndose en la cabeza del Kodokan y de la Federación de Judo de Japón. A pesar de su dedicación al judo y a sus múltiples viajes, Kano siempre mantuvo un vínculo cercano con su familia, y su vida personal estuvo marcada por el respeto y el cariño por su esposa e hijos.

Además de su vida familiar, Kano siguió progresando en su carrera como funcionario. En 1893, fue nombrado Decano de la Escuela Normal Superior de Tokio, donde introdujo reformas innovadoras en el sistema educativo japonés. En su posición, Kano permitió que estudiantes de clases sociales bajas accedieran a una educación de calidad y promovió la disciplina, alentando incluso a los jóvenes de la aristocracia a realizar tareas humildes como parte de su formación integral.

Kano Jigoro como diplomático y embajador del judo

A lo largo de su carrera, Kano utilizó su estatus para viajar por todo el mundo y promover el judo como un deporte de paz, entendimiento mutuo y desarrollo personal. En sus visitas a Europa y China, no solo enseñó judo, sino que también compartió su filosofía sobre el valor del respeto, la educación y la disciplina, los cuales eran fundamentales para el éxito en el judo y en la vida misma.

Kano fue también un hombre de visión, y en sus viajes al extranjero, entendió la importancia de incluir al judo en el ámbito olímpico. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos por presentar el judo en los Juegos Olímpicos, su sueño de ver el judo como una disciplina olímpica no se materializó en su vida. Fue después de su muerte en 1938 que el judo comenzó a ser incluido en el programa de los Juegos Olímpicos, aunque las mujeres no verían su inclusión hasta los Juegos Olímpicos de Seúl 1988.

El legado de Kano Jigoro: Un deporte que sigue creciendo

El legado de Kano no terminó con su muerte en 1938. Su obra más importante, el Kodokan, celebró su cincuentenario en 1934 con una ceremonia que contó con la presencia de figuras destacadas de la realeza y el gobierno japonés. Esta institución se mantuvo como la sede central de la enseñanza del judo, promoviendo una filosofía que aún perdura en la actualidad.

En 1962, el gobierno japonés construyó un nuevo edificio, el Budokan, para reemplazar el Kodokan original, con el fin de albergar una mayor variedad de disciplinas de jujutsu, incluyendo el aikido. El judo, sin embargo, siguió creciendo en popularidad, y en 1964 fue finalmente incluido en los Juegos Olímpicos de Tokio, lo que cumplió el sueño de Kano de ver a su deporte reconocido globalmente. En 1988, las mujeres también fueron incluidas en el programa olímpico de judo, un paso importante hacia la igualdad en el deporte.

Hoy en día, el judo sigue siendo practicado por millones de personas en todo el mundo, con más de seis millones de practicantes en más de 30 países. La filosofía de Kano sobre la armonía, el respeto mutuo y la mejora continua sigue siendo un principio fundamental de la disciplina. A través de su legado, Kano Jigoro no solo cambió el curso de las artes marciales, sino que también dejó una huella imborrable en la educación y la cultura mundial.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Kano Jigoro (1860–1938): El Fundador del Judo y Pionero en la Ciencia de las Artes Marciales". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/kano-jigoro [consulta: 20 de febrero de 2026].