Justiniano II (669-711). El emperador bizantino conocido por su crueldad y su retorno al poder
Justiniano II
(669-711) fue uno de los emperadores más controvertidos de la historia
de Bizancio. A pesar de su carácter despótico y sus actos de crueldad,
logró importantes victorias militares y administró el Imperio Romano de
Oriente durante dos mandatos. Su reinado estuvo marcado por el
despotismo, las intrigas políticas y su trágico exilio, pero también
por sus esfuerzos por recuperar los territorios perdidos en los
Balcanes y la influencia bizantina en el Mediterráneo oriental.
Orígenes y contexto histórico
Justiniano II nació en el 669 y fue el hijo del emperador Constantino IV Pogonato,
quien gobernó Bizancio durante una época de conflictos constantes,
principalmente con el Imperio Árabe. Al morir su padre en septiembre
del 685, Justiniano ascendió al trono a la edad de 16 años. Desde el
comienzo de su reinado, se encontró con una serie de desafíos tanto en
el frente militar como en la política interna del imperio.
En cuanto a su formación,
Justiniano II fue educado en la corte imperial y creció en un contexto
de tensiones constantes con los árabes. Durante su juventud, el Imperio
Bizantino se encontraba en una posición delicada, tratando de mantener
el control sobre las tierras en el este y defendiendo sus fronteras
contra las incursiones musulmanas. Esta situación hizo que el joven
emperador tuviera que tomar decisiones estratégicas que marcarían su
futuro.
Logros y contribuciones
Recuperación de territorios perdidos
Uno de los mayores logros de
Justiniano II fue la recuperación de partes importantes de los
Balcanes, en especial en la región de Macedonia, que había sido tomada
por tribus eslavas. En el 688, encabezó una exitosa expedición militar
en Tracia y Macedonia, lo que le permitió consolidar el control sobre
estos territorios. Tras esta victoria, muchos eslavos fueron
incorporados al ejército bizantino, y algunos fueron reubicados en Asia
Menor, donde desempeñaron funciones de soldados y agricultores.
Relaciones exteriores
Justiniano II también destacó por
sus políticas exteriores, especialmente con el Imperio Árabe. Al
principio de su reinado, firmó un acuerdo con los árabes que les
obligaba a pagar un mayor tributo al Imperio Bizantino, a la vez que
reconocían la soberanía bizantina sobre varios territorios, como
Chipre, Armenia y Georgia. Sin embargo, su relación con los árabes se
deterioró debido a disputas sobre la política en Chipre, lo que llevó a
un ataque de los musulmanes a la frontera oriental de Bizancio.
Aunque este acuerdo inicial le
permitió mantener la estabilidad en el este, la situación cambió
cuando, en el 691, las fuerzas árabes derrotaron a los bizantinos en la
batalla de Sebastopolis. En esta batalla, muchos soldados eslavos del
ejército bizantino se pasaron al bando enemigo, lo que resultó en la
pérdida de muchas posesiones bizantinas en Armenia.
Reformas religiosas y políticas internas
En el ámbito interno, Justiniano
II trató de consolidar su poder a través de reformas religiosas.
Convocó un Consejo Eclesiástico en el que promulgó nuevas normas para
complementar los cánones de los Concilios Ecuménicos quinto y sexto.
Estas reformas tenían como objetivo marcar las diferencias entre la
Iglesia Latina y la Griega, lo que llevó a un enfrentamiento con el
papado. El Papa Sergio I, al no reconocer a Justiniano II como emperador, se convirtió en uno de sus principales oponentes.
Con el fin de resolver el
conflicto con Roma, Justiniano II envió a uno de sus emisarios a la
sede papal con la intención de arrestar al Papa y llevarlo a
Constantinopla. Sin embargo, este intento fracasó rotundamente y
terminó por fortalecer la moral del Papa Sergio, quien logró evadir la
captura. Esto resultó en una victoria simbólica para el papado, dejando
a Justiniano con pocos aliados en Occidente.
Momentos clave en su reinado
La sublevación y el destierro
A pesar de sus logros, Justiniano
II no pudo evitar generar descontento entre el pueblo. Su carácter
despótico, los impuestos elevados y las continuas muestras de crueldad
provocaron una revuelta popular en el 695. Durante esta sublevación,
fue depuesto y proclamado un nuevo emperador, Leoncio.
En un acto simbólico de venganza, Justiniano fue capturado, despojado
de su poder y severamente castigado: le cortaron la nariz, lo que le
valió el apodo de «Rhinometer» (nariz cortada). Posteriormente, fue
desterrado a la ciudad de Quersoneso, en la península de Crimea.
Durante su destierro de diez años, el Imperio de Oriente estuvo gobernado por Leoncio y Tiberio II Absimaro,
quienes administraron el imperio sin la presencia de Justiniano. Sin
embargo, el exilio no fue el fin de su historia. Durante este tiempo,
Justiniano hizo importantes alianzas con pueblos cercanos, como los
jázaros y los búlgaros, lo que eventualmente le permitió regresar al
poder.
El regreso al poder
En el 705, con la ayuda de los
búlgaros, Justiniano II regresó a Constantinopla y recuperó el trono.
Fue proclamado emperador por segunda vez, tras haber sido derrotado y
exiliado años antes. Esta segunda etapa de su gobierno estuvo marcada
por una política de venganza contra aquellos que lo habían depuesto,
comenzando por Leoncio y Tiberio II,
quienes fueron ejecutados. Además, Justiniano ordenó ataques a la
ciudad de Rávena, saqueando y ejecutando a muchos de sus habitantes.
Aunque Justiniano II intentó reconciliarse con el papado, invitando al Papa Constantino
a Constantinopla, su deseo de venganza y su comportamiento despiadado
erosionaron rápidamente su base de apoyo. La brutalidad de sus acciones
hizo que gran parte de la población se volviera en su contra.
La caída definitiva
Finalmente, en 711, su reinado
llegó a su fin. En el Quersoneso, una revuelta encabezada por un
armenio llamado Bardanes, quien adoptó el nombre de Filipico,
derrocó a Justiniano II. Los soldados del emperador, hartos de su
crueldad, asesinaron a Justiniano y a su familia, poniendo fin a la
dinastía heracliana. Así, el reinado de Justiniano II llegó a su
trágico final, marcado por la traición, el asesinato y la caída de un
imperio dividido.
Relevancia actual
El legado de Justiniano II es
complejo y contradictorio. A pesar de su cruel tiranía, sus esfuerzos
por recuperar territorios y su influencia en las relaciones exteriores
del Imperio Bizantino son elementos clave en la historia de Bizancio.
Aunque su reinado terminó en tragedia, Justiniano II sigue siendo una
figura histórica fascinante, que refleja las tensiones y desafíos de un
imperio que intentaba mantenerse a flote en un mundo en constante
cambio.
En la actualidad, Justiniano II es
recordado tanto por sus logros como por sus fracasos, y su historia
sigue siendo un ejemplo de los peligros del absolutismo y la tiranía.
La caída de la dinastía heracliana dejó una marca indeleble en la
historia del Imperio Bizantino y contribuyó a los turbulentos años que
seguirían en el este del Imperio Romano.
MCN Biografías, 2025. "Justiniano II (669-711). El emperador bizantino conocido por su crueldad y su retorno al poder". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/justiniano-ii-emperador-de-bizancio [consulta: 11 de febrero de 2026].
