Rafael González Madrid, “Machaquito” (1880–1955): El Tercer Gran Califa que Desafió el Valor en la Arena
Rafael González Madrid, “Machaquito” (1880–1955): El Tercer Gran Califa que Desafió el Valor en la Arena
Orígenes y primeros pasos en la tauromaquia
Infancia en el matadero de Córdoba y primeras inquietudes taurinas
Rafael González Madrid, conocido universalmente como “Machaquito”, nació el 2 de enero de 1880 en Córdoba, una ciudad cuyo ambiente taurino marcó cada paso de su infancia. Desde muy pequeño, el matadero cordobés fue su escenario cotidiano: allí trabajaba, y allí empezó a gestarse su pasión por los toros. Este entorno, repleto de reses bravas y de historias de grandes matadores, alimentó sus primeras inquietudes taurinas y le proporcionó un contacto directo con el ganado, que pronto sería su destino.
Entre las tareas rutinarias de limpieza y manejo de las reses, Rafael comenzó a practicar la brega espontánea. Era común en aquella época que los muchachos del matadero probaran su valentía con las reses destinadas al sacrificio. Así, mientras otros niños soñaban con oficios humildes, “Machaquito” se forjaba en la esencia más cruda del toreo, desarrollando una conexión profunda con el peligro y la emoción de la lidia.
El bautismo en Palma del Río: un novillo que marcó su destino
A los quince años, su afición lo llevó a acompañar al diestro apodado “Malagueño” a Palma del Río, también en Córdoba. Allí, la casualidad quiso que un joven Rafael se encontrara de repente en el centro de la atención. Su entusiasmo contagió al público, que le exigió matar un novillo. Con decisión y arrojo impropios de su edad, aceptó el desafío y, tras lidiar con entrega, se ganó el favor de los presentes. Aquel instante resultó determinante: comprendió que su lugar estaba en el ruedo y decidió consagrar su vida a la profesión taurina.
Este suceso fue más que un debut improvisado; supuso el punto de inflexión entre una infancia humilde y una carrera que le llevaría a figurar entre los grandes de la tauromaquia. Abandonó cualquier otro quehacer para concentrarse de lleno en su formación como torero.
Integración en la cuadrilla juvenil de “Caniqui” y las primeras presentaciones
Poco después, “Machaquito” se unió a la cuadrilla juvenil organizada por el banderillero retirado “Caniqui”, un referente para muchos jóvenes aspirantes. En esta cuadrilla coincidió con otro prometedor novillero: “Lagartijo Chico”, sobrino del legendario Rafael Molina Sánchez, “Lagartijo”, primer Gran Califa del toreo cordobés. Juntos compartieron tardes de aprendizaje, esfuerzos y sueños.
La expectación era mayor para “Lagartijo Chico”, pues se esperaba que heredara el talento de su tío. Pero mientras sobre él recaía una presión enorme, “Machaquito” crecía sin tantas exigencias externas, permitiéndole evolucionar con más libertad y menos críticas. El 10 de abril de 1898 ambos debutaron como novilleros en Córdoba; unos meses después, el 8 de septiembre, repitieron presentación en Madrid, el epicentro de la afición taurina española.
Alternativa y ascenso a figura
La alternativa compartida con “Lagartijo Chico” en 1900
El 16 de septiembre de 1900, en una tarde histórica, “Machaquito” y “Lagartijo Chico” se doctoraron juntos como matadores de toros. Este acontecimiento quedó grabado como la última alternativa del siglo XIX. Emilio Torres Reina, “Bombita”, entregó los trastos a “Machaquito” con el toro Costillares, de la ganadería del Duque de Veragua. Antes de este turno, “Lagartijo Chico” había recibido los suyos de manos de Luis Mazzantini, enfrentándose al toro Jardinero, del mismo hierro.
Aquella tarde no solo significó el paso al escalafón superior para ambos jóvenes, sino también el inicio de trayectorias divergentes: mientras el público esperaba de “Lagartijo Chico” un nuevo genio como su tío, “Machaquito” pudo crecer sin un legado familiar que lo condicionara. Esa diferencia fue clave para el progreso de Rafael González Madrid.
Primeros triunfos y consolidación como matador en 1901 y 1902
El año 1901 supuso el inicio del despegue profesional de “Machaquito”. Participó en más de 60 festejos, cifra que reflejaba el interés que despertaba en empresarios y aficionados. Durante esta etapa, comenzó a forjarse la imagen del torero valiente y seguro, que afrontaba cada toro con decisión. Su fama se extendía más allá de Córdoba, consolidándose como uno de los nombres imprescindibles en las ferias más importantes de España.
En 1902, su progresión le permitió disputar un lugar entre los primeros espadas del momento. Fue entonces cuando protagonizó uno de los episodios más célebres de su carrera, que marcaría no solo su trayectoria sino su leyenda personal.
El episodio heroico en Hinojosa del Duque
La tragedia en el tendido y la valentía de “Machaquito”
El 29 de agosto de 1902, en la plaza de Hinojosa del Duque, se vivió una jornada que combinó tragedia y heroísmo. Durante la lidia, parte del tendido colapsó, y decenas de espectadores cayeron al ruedo, quedando a merced del toro. La situación era de máximo peligro: el toro, presa del pánico, se abalanzaba contra los caídos.
Fue entonces cuando “Machaquito”, en un acto de arrojo extremo, se interpuso entre el toro y el público indefenso. Sin dudar, ejecutó una estocada fulminante que acabó con el burel en el mismo instante, evitando una tragedia de mayores proporciones. Este gesto fue considerado por la prensa y los aficionados como una muestra de valor y entrega sin precedentes.
Reconocimiento con la Cruz de la Beneficencia
El coraje demostrado por Rafael González Madrid en aquella tarde heroica le valió el reconocimiento unánime. El Gobierno español le concedió la Cruz de la Beneficencia, uno de los más altos honores civiles de la época, reservado para quienes arriesgaban su vida en beneficio de otros. Este hecho proyectó la figura de “Machaquito” más allá del mundo taurino, convirtiéndole en un héroe popular y un referente de nobleza y valentía.
Progresión meteórica en la temporada taurina
Estadísticas de actuaciones y evolución entre 1903 y 1904
El reconocimiento impulsó su carrera a niveles insospechados. En 1903, “Machaquito” lidió 64 corridas, consolidándose como uno de los matadores con mayor actividad en España. La frecuencia de sus actuaciones mostraba no solo su popularidad, sino también una resistencia física y mental admirables para la exigente vida del torero.
El año 1904 marcó un hito aún mayor: “Machaquito” llegó a participar en 100 festejos, incluyendo presentaciones en Hispanoamérica, donde el público lo recibió con entusiasmo. Esta temporada, aunque le permitió adquirir fama y fortuna, también expuso las limitaciones de su estilo para los aficionados más puristas, que reclamaban mayor finura en la ejecución.
El año 1905 y su récord de estocadas: precisión y eficacia
En 1905, redujo su actividad a 53 festejos, pero logró un récord que asombró al mundo taurino: para acabar con los 126 toros que mató ese año, empleó únicamente 135 estocadas, promediando apenas poco más de una estocada por toro, cifra extraordinaria para la época y que puso en evidencia su precisión letal en la suerte suprema.
El 20 de agosto de 1905, en San Sebastián, “Machaquito” ejecutó una de sus mejores faenas al miura Resbaloso, dejando una estocada que la afición donostiarra recordaría durante décadas. Aquel día, su fama como matador certero y valiente alcanzó su punto álgido.
Rivalidad con “Bombita” y la época de oro del toreo
Comparativa de estilos: nobleza contra técnica depurada
Durante los años que siguieron a sus éxitos iniciales, “Machaquito” se encontró inmerso en una intensa rivalidad con otro gran espada de su tiempo: Ricardo Torres Reina, “Bombita”. El mundillo taurino, siempre ávido de comparar estilos, alimentó la contraposición entre ambos: mientras “Bombita” ofrecía una técnica más depurada y una tauromaquia serena y calculada, “Machaquito” destacaba por un estilo noble, aguerrido y directo, que cautivaba a quienes admiraban el valor por encima de la estética.
Esta rivalidad sirvió para mantener viva la emoción en los ruedos tras la retirada de grandes como “Guerrita”, llenando el vacío que precedió a la llegada de figuras como José Gómez Ortega, “Joselito”, y Juan Belmonte. Las faenas de “Machaquito” y “Bombita” eran comparadas al detalle por la prensa y los aficionados, convirtiéndose en el tema central de las tertulias taurinas de la época.
Un duelo que llenó de emoción las plazas de España
El enfrentamiento entre ambos toreros llevó a los tendidos un ambiente eléctrico. En cada cartel compartido, los seguidores de uno y otro lado llenaban las plazas con pasión desbordada. Aunque “Bombita” era más largo y técnicamente poderoso, “Machaquito” compensaba sus limitaciones con un arrojo incansable y una determinación que lo hacía impredecible y emocionante.
Este duelo, además, obligó a Rafael González Madrid a refinar su estilo: consciente de que no podía igualar la técnica de su rival, buscó pulir su toreo para hacerlo más estético sin renunciar a su esencia. La competencia entre ambos impulsó a toda la tauromaquia de la época a un nuevo nivel de exigencia artística y técnica.
La perfección de la suerte suprema
La estocada mítica al miura “Barbero” en 1907
La fama de “Machaquito” como matador valiente alcanzó uno de sus momentos culminantes el 9 de mayo de 1907 en la plaza de la Corte, cuando se enfrentó al miura Barbero. Aquel toro, de gran presencia y peligro, fue estoqueado por Rafael con tal precisión y contundencia que la afición quedó sobrecogida ante la belleza y el dramatismo del lance.
La ejecución de la suerte suprema fue tan perfecta que el crítico taurino “Don Modesto”, uno de los más respetados de la época, pidió públicamente que la escena fuera inmortalizada para la posteridad.
La inmortalización del lance por Mariano Benlliure en “La estocada de la tarde”
El célebre escultor Mariano Benlliure, apasionado de la tauromaquia, recogió el guante lanzado por “Don Modesto” y recreó el momento exacto de la estocada al miura “Barbero” en una escultura que tituló “La estocada de la tarde”, una de sus obras más conocidas y valoradas por los aficionados y los coleccionistas de arte taurino.
Esta pieza, además de honrar la maestría de Rafael González Madrid, se convirtió en un símbolo del toreo clásico, reflejando la mezcla de belleza, riesgo y emoción que define la lidia. Gracias a ella, el nombre de “Machaquito” quedó asociado para siempre a la perfección en la ejecución de la suerte suprema.
Últimos años como figura del escalafón
La cornada de 1909 y la merma de su liderazgo
La trayectoria triunfal de “Machaquito” sufrió un duro golpe el 4 de julio de 1909, cuando el toro Gurupeto, de la ganadería de Saltillo, le infirió una cornada terrible en el ruedo de Palma de Mallorca. La gravedad de la herida estuvo a punto de costarle la vida, y obligó a un largo período de recuperación que le apartó temporalmente de los ruedos.
Aunque reapareció en 1910 y llegó a superar las 60 corridas anuales en las temporadas de 1911, 1912 y 1913, su capacidad para imponer su nombre en los carteles comenzó a resentirse. La afición, volcada en nuevas figuras emergentes, empezó a mirar más hacia sus rivales.
Reaparición y últimas campañas: 1910-1913
A pesar de las dificultades, “Machaquito” conservó durante estos años su fama de matador eficaz, especialmente por su dominio en la suerte suprema. Su regreso a los ruedos despertó un entusiasmo notable, y logró mantener una elevada cifra de contratos. Sin embargo, su influencia en la confección de los carteles disminuía progresivamente, reflejo de la llegada de toreros que conectaban con la nueva sensibilidad del público.
La nobleza de su carácter le llevó, además, a tomar partido en causas que comprometieron su posición: en particular, su apoyo a “Bombita” en los conflictos con los empresarios taurinos más poderosos del momento, quienes, en respuesta, comenzaron a excluirlos de los mejores festejos. La falta de solidaridad de otros compañeros de profesión los dejó aislados y con menos oportunidades para competir al más alto nivel.
Retiro, legado y reconocimiento eterno
Solidaridad con “Bombita” y las tensiones con los empresarios
La actitud combativa de “Machaquito” frente a las injusticias de los empresarios le granjeó la admiración de muchos aficionados, que valoraban su gallardía dentro y fuera del ruedo. No obstante, esta postura también aceleró el ocaso de su carrera, pues la falta de apoyo entre sus colegas y la presión empresarial le cerraron muchas puertas.
Durante estos últimos años, la competencia se intensificó con la aparición de Rafael Gómez Ortega, “El Gallo”, quien junto a la inminente llegada de un joven y revolucionario Juan Belmonte, marcaba el inicio de una nueva etapa en la historia de la tauromaquia. Las circunstancias empujaron a “Machaquito” a plantearse un retiro que se volvió inevitable.
El retiro en 1913 y la cesión de trastos a Juan Belmonte
El 16 de octubre de 1913, en la plaza de Madrid, “Machaquito” puso fin a su carrera al ceder los trastos al novillero que ya fascinaba a la afición: Juan Belmonte, quien cambiaría para siempre el arte de torear. La retirada de Rafael González Madrid no solo marcó el fin de su época, sino que simbolizó la transición hacia la modernidad en el toreo.
Aunque su figura empezaba a quedar en segundo plano frente a los nuevos ídolos, la elegancia con la que afrontó su retirada y su disposición a dar paso a la nueva generación lo dignificaron aún más ante los ojos de sus seguidores.
Su consagración como III Gran Califa del toreo cordobés y su memoria perdurable
Reverenciado por los cordobeses, quienes lo proclamaron como el III Gran Califa del toreo, “Machaquito” se convirtió en un símbolo de su ciudad natal. Prueba de este respeto fue que se bautizó con su nombre uno de los anises más prestigiosos elaborados en Córdoba, un homenaje que unía su leyenda a la cultura popular andaluza.
Tras su retiro, Rafael González Madrid llevó una vida discreta, alejada de los focos, pero siempre rodeado del cariño de sus paisanos. Falleció el 1 de julio de 1955 en Córdoba, dejando tras de sí una huella imborrable como uno de los matadores más valientes y apasionados que ha conocido la historia del toreo. Su figura, eternizada en la obra de Benlliure y en la memoria colectiva de la afición, sigue recordándose como la de un hombre que hizo del valor su bandera y del arte de la estocada su legado más perdurable.
MCN Biografías, 2025. "Rafael González Madrid, “Machaquito” (1880–1955): El Tercer Gran Califa que Desafió el Valor en la Arena". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/gonzalez-madrid-rafael [consulta: 4 de febrero de 2026].
