Gregorio Gisbert y Villaplana (1779-1837). Eclesiástico y Liberal del Siglo XIX

Gregorio Gisbert y Villaplana

Gregorio Gisbert y Villaplana fue un influyente eclesiástico y político español que vivió en un periodo clave de la historia de España, el siglo XIX, marcado por profundos cambios políticos y sociales. Nacido el 24 de enero de 1779 en Alcoy, Alicante, en el seno de una familia de la burguesía textil, Gisbert y Villaplana se destacó por su compromiso con las ideas liberales, su dedicación a la educación y su labor política en un contexto de agitación, enfrentando tanto el absolutismo como la restauración del liberalismo en su país. Su vida y legado son fundamentales para comprender el desarrollo de la política y la educación en España durante esta época crucial.

Orígenes y Formación

Gregorio Gisbert y Villaplana nació en Alcoy, una ciudad de la provincia de Alicante, el 24 de enero de 1779. Su familia, perteneciente a la burguesía textil, proporcionó a Gisbert las bases para una educación sólida. Desde joven mostró una gran inquietud por los estudios, iniciando su formación en el colegio de los franciscanos. Posteriormente, se trasladó a la Universidad de Valencia, donde se graduó en Filosofía y Teología. Esta formación académica de carácter amplio y profundo le permitió desarrollar una visión crítica de la realidad, lo que influiría decisivamente en su vida tanto eclesiástica como política.

Al finalizar sus estudios, Gisbert y Villaplana no solo se dedicó a su carrera religiosa, sino que también incursionó en la enseñanza, convirtiéndose en un referente en el ámbito educativo. Su enfoque racionalista y liberalista lo destacaron, y fue precisamente esta perspectiva la que lo llevó a cuestionar las estructuras tradicionales tanto en la Iglesia como en el Estado.

Trayectoria Eclesiástica y Docente

La carrera eclesiástica de Gisbert y Villaplana fue igualmente destacada. Tras su ordenación como clérigo secular, comenzó a desempeñarse en distintos cargos en el ámbito religioso y educativo. En la Universidad de Valencia, se dedicó a la docencia en Filosofía, imprimiendo a sus clases un enfoque de crítica racional que lo separaba de las corrientes más tradicionales. Este estilo lo hizo popular entre sus alumnos, pero también le valió la desaprobación de sectores más conservadores de la Iglesia.

En 1809, Gisbert y Villaplana fue nombrado secretario de la Junta Eclesiástica, un organismo encargado de asesorar al gobierno en temas religiosos. Su participación en este órgano demostró su compromiso con las reformas en la estructura eclesiástica, algo que lo pondría en conflicto con las autoridades más conservadoras de la Iglesia.

Posteriormente, se trasladó a Murcia, donde ocupó la cátedra de Teología y Filosofía en el Colegio-Seminario de San Fulgencio. Este seminario, conocido por su orientación jansenista, fue un lugar clave para el desarrollo de su pensamiento reformista. La influencia de la enseñanza jansenista dejó una marca profunda en Gisbert, quien adoptó una postura crítica frente al absolutismo y defendió la necesidad de reformas en la estructura de poder tanto eclesiástica como política.

Además, en su labor en la Sociedad Económica de Murcia, de la que fue subdirector entre 1816 y 1819, Gisbert impulsó iniciativas en pro del desarrollo económico y educativo de la región. Estas actividades no solo reflejaban su visión reformista, sino también su compromiso con la mejora de las condiciones sociales y culturales del pueblo.

Compromiso Político y Liberalismo

Uno de los aspectos más notables de la vida de Gregorio Gisbert y Villaplana fue su vinculación con el liberalismo, especialmente durante el Trienio Liberal (1820-1823), un periodo crucial para la historia de España. En 1820, Gisbert fue elegido diputado por su ciudad natal, Alcoy. Como miembro de las Cortes, defendió de manera decidida las ideas liberales, abogando por reformas que favorecieran un Estado moderno, con un sistema político basado en la Constitución de 1812, y la separación de poderes entre Iglesia y Estado.

Su apoyo a las ideas liberales lo convirtió en un personaje de gran importancia en los círculos políticos del momento. No obstante, este mismo compromiso lo llevó a enfrentarse con las autoridades absolutistas, lo que desencadenó su destierro a Belvís de la Jara, en Toledo, tras la restauración del absolutismo en 1823. Durante este periodo, Gisbert vivió en el exilio, lejos de las luchas políticas que caracterizaban a la España del momento, pero su lucha por las ideas liberales nunca decayó.

Su regreso a la vida pública se produjo en 1828, cuando volvió a Alcoy tras el fin del exilio. Allí, junto a su hermano Jorge, fundó el Establecimiento Científico-Literario, una institución educativa destinada a la formación de los jóvenes en un contexto en el que la educación era una herramienta fundamental para la construcción de una sociedad libre y avanzada. Esta institución puede considerarse el precursor de la actual Escuela Politécnica Superior de Alcoy, lo que muestra el impacto duradero de sus contribuciones al ámbito educativo.

Aportaciones a la Educación y la Cultura

A lo largo de su vida, Gisbert y Villaplana demostró un firme compromiso con la educación y el progreso cultural de España. Su obra más destacada en este ámbito fue la creación del Establecimiento Científico-Literario en Alcoy, que no solo ofreció una educación basada en los principios de la Ilustración, sino que también sentó las bases para lo que hoy en día es una de las instituciones educativas más prestigiosas de la región.

La fundación de este establecimiento evidenció la visión reformista de Gisbert, quien entendió que la educación era un pilar fundamental para lograr una transformación social y política en España. A través de esta institución, muchos jóvenes pudieron acceder a una formación de calidad, algo que se mantenía como un lujo para pocos en aquella época.

En el plano cultural, Gisbert también defendió la importancia de una educación abierta y moderna, que no estuviera restringida por dogmas religiosos ni por las estructuras jerárquicas tradicionales. De esta forma, contribuyó a la consolidación de un pensamiento liberal en la sociedad española, promoviendo valores como la libertad de expresión, la crítica constructiva y la importancia de la razón en la resolución de los problemas sociales.

Últimos Años y Legado

La última etapa de la vida de Gregorio Gisbert y Villaplana estuvo marcada por la reinstauración de la monarquía de Isabel II y la reapertura de las Cortes. En 1834, Gisbert fue llamado a Madrid para integrarse en la Junta Eclesiástica, una posición que reconocía su influencia y prestigio. Sin embargo, aunque fue propuesto para el obispado de Gerona, nunca llegó a ocupar dicho cargo.

En 1835, Gisbert asumió brevemente la dirección interina del Seminario de Nobles de Madrid, aunque renunció a este puesto a los pocos meses. Finalmente, falleció en Madrid el 24 de julio de 1837, dejando un legado que perduró en las instituciones educativas que ayudó a fundar y en su influencia sobre el pensamiento político y cultural liberal de la época.

El compromiso de Gisbert con la educación, el liberalismo y la reforma social lo convirtió en un referente de la ilustración española, siendo su figura clave en los primeros esfuerzos por modernizar el país.

Bibliografía

PASTOR FUSTER, J.: Biblioteca Valenciana. Valencia: 1827-1830.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Gregorio Gisbert y Villaplana (1779-1837). Eclesiástico y Liberal del Siglo XIX". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/gisbert-y-villaplana-gregorio [consulta: 22 de febrero de 2026].