Pedro Antonio Fernández de Castro (1632-1672): El Conde de Lemos y su legado en el Virreinato del Perú
Pedro Antonio Fernández de Castro, más conocido como el Conde de Lemos, fue una figura clave en la historia del Virreinato del Perú durante el siglo XVII. Nacido el 20 de octubre de 1632 en Monforte de Lemos, Galicia, España, y fallecido el 6 de diciembre de 1672 en Lima, su nombre permanece vinculado a importantes reformas en la administración colonial, así como a la defensa de los intereses de la Corona española en un período de crisis en el Virreinato. Su administración, marcada por los desafíos sociales, económicos y políticos, dejó una huella que perduró más allá de su muerte.
Orígenes y contexto histórico
Pedro Antonio Fernández de Castro nació en una familia aristocrática con una notable influencia en la política española. Sus padres fueron Francisco Fernández de Castro Andrade y Portugal, IX Conde de Lemos y Grande de España, y Antonia Téllez Girón. Fue educado por los jesuitas en Galicia, lo que le permitió formar una sólida base en valores e ideales que marcarían su futura carrera como administrador.
A temprana edad, Pedro Antonio heredó el título de X Conde de Lemos, además de otros títulos nobles como el de Marqués de Sarria y Duque de Taurizano, lo que lo posicionó dentro de la alta nobleza. Su vida estuvo marcada por su carácter impulsivo y su afán de aventura, lo que lo llevó a viajar por diversas partes de Europa, incluyendo Cerdeña y Nápoles. Sin embargo, su estancia en Nápoles no estuvo exenta de polémica, ya que intentó herir a un clérigo, lo que le costó un encarcelamiento en el Alcázar de Segovia en 1664. Tras obtener el indulto, regresó a Madrid y se casó con su prima Ana de Borja Centellas Doria y Colonna, con quien tuvo dos hijos.
El Virreinato del Perú y la situación de crisis
En 1666, Pedro Antonio solicitó la plaza de virrey del Perú, la cual obtuvo después de competir con más de 30 candidatos. El 21 de septiembre de 1666, fue nombrado XIX Virrey del Perú, con un sueldo asignado de 30.000 ducados y la autorización para viajar con un séquito de 113 personas. Su misión era asumir el gobierno de una colonia que atravesaba serias dificultades.
La situación del Virreinato del Perú en aquel entonces era compleja. La provincia de Puno estaba sumida en una rebelión por la insubordinación de los mineros de Laicacota, mientras que la producción de plata en Potosí experimentaba una fuerte crisis y las minas de mercurio de Huancavelica estaban agotadas. Además, la piratería se había convertido en una amenaza constante, sobre todo tras la llegada de los temidos piratas ingleses como Henry Morgan, quien ocupó Panamá en 1671.
El virrey Fernández de Castro asumió su mandato en un contexto extremadamente difícil, pero no se amilanó ante los desafíos.
Logros y contribuciones de Fernández de Castro
La resolución de la rebelión de Puno
Una de las primeras grandes pruebas de su gobierno fue la rebelión en la provincia de Puno, liderada por el rico minero Gaspar de Salcedo. A pesar de los intentos iniciales de apaciguar la situación, la rebelión continuó hasta que el virrey decidió actuar de manera decidida. En febrero de 1668, Fernández de Castro abrió un proceso judicial contra Gaspar de Salcedo y su hermano José, quien también se había rebelado. Gaspar intentó ganarse el favor del virrey, pero fue arrestado, y la rebelión llegó a su fin tras la captura de José de Salcedo y su posterior ejecución en agosto de 1668. Este acto puso fin a la crisis, consolidando la autoridad virreinal en la región.
Fortalecimiento de la defensa del Virreinato
El Conde de Lemos también trabajó en la mejora de la defensa del virreinato, especialmente en el puerto del Callao. Durante su gobierno, se fortalecieron las murallas de la ciudad portuaria, una medida clave para proteger Lima y sus intereses comerciales ante las amenazas externas.
Intervención militar contra los piratas
En 1671, cuando la ciudad de Panamá fue tomada por el pirata inglés Henry Morgan, Fernández de Castro no dudó en enviar una expedición militar para socorrer la ciudad. Se organizó un contingente de 2.500 soldados a bordo de nueve barcos, pero, al llegar a Panamá, descubrieron que Morgan ya había escapado hacia el Caribe. Aunque esta intervención fue infructuosa, refleja la determinación del virrey para proteger las posesiones españolas.
Reformas en la minería y la mita
La minería, especialmente en las minas de Potosí y Huancavelica, era el pilar económico del virreinato, pero también estaba marcada por abusos y explotación, principalmente a través del sistema de mita. Fernández de Castro tomó medidas para regular el trabajo forzado de los indígenas en las minas, empadronando a los indios destinados a este trabajo y tratando de controlar el abuso por parte de los mineros. Además, en 1672, presentó a la Corona una propuesta para reemplazar la mita con trabajo voluntario, una medida que contaba con el apoyo de autoridades locales como el arzobispo de Lima, pero que finalmente fue rechazada por el Consejo de Indias.
Mejoras en la Hacienda Real
Una de sus grandes contribuciones fue la mejora en la administración de la Hacienda Real. Enfrentándose a la evasión del tributo indígena, Fernández de Castro impuso sanciones severas a aquellos que evadieran el pago de impuestos, además de reorganizar la fuerza laboral indígena en los obrajes y las pequeñas industrias de tejido. Su enfoque también incluyó una fiscalización más estricta de los oficiales encargados de la Hacienda Real, lo que permitió una mejora en las recaudaciones de los tributos.
En el ámbito social y cultural, Fernández de Castro promovió importantes obras en Lima. En 1670, mandó construir la Casa de las Amparadas, un refugio para mujeres que querían redimirse de una vida “indecorosa”. Esta obra tuvo un impacto significativo en la sociedad limeña de la época. En 1672, también se inauguró la Iglesia de la Virgen de los Desamparados, un importante centro religioso para la ciudad. Además, en febrero de 1672, organizó las celebraciones en Lima por la beatificación de Santa Rosa de Lima, un hito en la historia religiosa del virreinato.
El final de su mandato y legado
Tras cinco años de gobierno, Pedro Antonio Fernández de Castro cayó gravemente enfermo y murió el 6 de diciembre de 1672. A pesar de las dificultades durante su administración, su gestión fue evaluada positivamente por algunos sectores, y en 1673, un juicio de residencia en su contra concluyó sin cargos. Sus restos fueron trasladados a Madrid y finalmente a Monforte de Lemos, donde fue enterrado en el monasterio de la Encarnación, en su ciudad natal.
El legado de Pedro Antonio Fernández de Castro perdura en la historia del Virreinato del Perú no solo por su firmeza en la resolución de los conflictos sociales y políticos de su tiempo, sino también por sus intentos de reformar las estructuras coloniales para mejorar la vida de los indígenas y fortalecer las instituciones del virreinato.
Bibliografía
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BASADRE, Jorge: El Conde de Lemos y su tiempo. Lima, 1945.
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LOHMANN VILLENA, Guillermo: El conde de Lemos, virrey del Perú. Madrid, 1946.
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VARGAS UGARTE, Rubén: D. Pedro Antonio Fernández de Castro X Conde de Lemos y virrey del Perú. Lima, 1965.
MCN Biografías, 2025. "Pedro Antonio Fernández de Castro (1632-1672): El Conde de Lemos y su legado en el Virreinato del Perú". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/fernandez-de-castro-pedro-antonio [consulta: 2 de marzo de 2026].
