José Delgado Guerra (1754–1801): «Pepe-Hillo», El Torero Que Desafió al Destino y la Muerte

José Delgado Guerra (1754–1801): «Pepe-Hillo», El Torero Que Desafió al Destino y la Muerte

1. Introducción: José Delgado Guerra (Pepe-Hillo) – Un torero legendario

José Delgado Guerra, conocido en el mundo del toreo como «Pepe-Hillo», nació en Sevilla el 14 de marzo de 1754 y murió trágicamente el 11 de mayo de 1801 en la Plaza de Toros de Madrid. Su vida y legado son recordados no solo por su destreza y valentía en el ruedo, sino por cómo encarnó la dualidad de la sociedad española de su tiempo: un hombre del pueblo que alcanzó una fama legendaria, querido tanto por las clases bajas como por las altas, y un torero cuya temeridad lo llevó a la muerte en su apogeo.

El contexto histórico en el que vivió y murió Pepe-Hillo fue el de un siglo XVIII marcado por grandes transformaciones sociales y políticas. En plena época de Ilustración, la tauromaquia todavía era considerada una manifestación cultural relevante en España. Sin embargo, el mundo del toreo era, en gran medida, un espacio dominado por las rivalidades, los desafíos personales y, sobre todo, la valentía que los toreros demostraban al enfrentarse a animales salvajes. Pepe-Hillo se convirtió en uno de los más grandes exponentes de este arte, trascendiendo su tiempo con su estilo único y su capacidad para desafiar al toro, a la sociedad y a la muerte misma.

2. Orígenes y primer contacto con el toreo

José Delgado Guerra nació en una familia humilde de Sevilla, donde, desde joven, le fue impuesto el oficio de zapatero, en consonancia con los designios de sus padres. Sin embargo, el destino tenía otros planes para él. Desde muy temprano, Pepe-Hillo mostró un interés apasionado por el mundo de los toros. Su primer contacto con el toreo se dio en el matadero de Sevilla, que en aquel tiempo no solo era un lugar de trabajo, sino también una especie de «escuela» informal para los futuros toreros.

Fue en este ambiente donde lo descubrió el genial Joaquín Rodríguez, «Costillares», quien, sabedor de las condiciones de Pepe-Hillo, lo integró a su cuadrilla. En 1770, a los 16 años, Pepe-Hillo debutó en la plaza de toros de Córdoba, comenzando su carrera de forma prometedora. Sin embargo, su camino en el toreo sería una sucesión de desafíos y aprendizajes, muchos de ellos enfrentados solo con su valentía y la habilidad innata para el arte del capote y la muleta.

3. Ascenso en la carrera taurina

El debut de Pepe-Hillo en Madrid tuvo lugar en 1774, donde rápidamente llamó la atención con su estilo audaz y arriesgado. Tres años después, en 1777, acompañó a su maestro Costillares en una histórica corrida en la que sustituyó a los famosos hermanos Juan y Pedro Romero, quienes en ese momento preferían mantenerse en las plazas del sur de España. A partir de entonces, su nombre comenzó a sonar con fuerza en todo el país.

En 1778, Pepe-Hillo se trasladó al sur de España para rivalizar con el entonces gran torero Pedro Romero, quien era una figura consolidada en Sevilla y Cádiz. Aunque Romero era recibido con cierto recelo en Sevilla, Pepe-Hillo fue aclamado por su carisma y habilidad, lo que consolidó su fama en las plazas andaluzas. Entre 1778 y 1781, alternó en distintas plazas del sur, siendo constantemente comparado con su rival. En 1781, regresó a Madrid, donde su popularidad alcanzó nuevas alturas.

A medida que su carrera avanzaba, el carácter extravagante y audaz de Pepe-Hillo se hizo más evidente, especialmente durante una de sus corridas en Burgos en 1784, cuando sustituyó la tradicional muleta por un reloj de bolsillo, un gesto que sería recordado como uno de los más osados y originales de su carrera. La gente comenzó a ver a Pepe-Hillo no solo como un torero, sino como un héroe popular, alguien que desafiaría los límites del arte taurino y la vida misma.

4. Características personales y estilo de toreo

El estilo de Pepe-Hillo fue un reflejo de su personalidad extrovertida y valiente, pero también de su carácter altanero y vanidoso. Mientras que otros toreros se destacaban por su discreción o por un estilo más sobrio, Pepe-Hillo fue conocido por su actitud descarada, tanto en la plaza como fuera de ella. Sin embargo, esta actitud desafiaba las expectativas de los críticos, que, a pesar de sus constantes descalificaciones hacia su carácter, no podían dejar de reconocer su destreza en el ruedo.

El torero sevillano tenía una habilidad única para ejecutar lances de capa y muleta con una elegancia peligrosa. Se le atribuían veintiocho cogidas a lo largo de su carrera, de las cuales trece fueron tan graves que en cada una de ellas se pensaba que iba a ser sacado muerto de la plaza. La capacidad de Pepe-Hillo para arriesgar su vida, aun sabiendo los peligros que implicaba, solo sumaba a su mito como figura del toreo.

Una de las características más destacadas de Pepe-Hillo fue su habilidad para innovar dentro del arte taurino. Aunque su formación era limitada, creó nuevos lances, algunos de los cuales fueron copiados por sus colegas y generaciones posteriores. El capeo de espaldas o de frente por detrás son solo algunos de los ejemplos de su creatividad, que se fusionaba con su valentía para hacer del toreo un arte lleno de audacia y belleza.

5. El impacto de Pepe-Hillo en la sociedad española

José Delgado Guerra, mejor conocido como Pepe-Hillo, no solo dejó una huella imborrable en el mundo del toreo, sino que su figura también fue un símbolo en la sociedad española de finales del siglo XVIII. Su popularidad trascendió las barreras sociales, y su imagen llegó a representar la dualidad de una España que vivía tiempos de contradicciones: entre la nobleza y el pueblo llano, entre la cultura ilustrada y la ignorancia popular.

Por un lado, Pepe-Hillo era un ídolo de la plebe. Su origen humilde, su actitud desafiante y su estilo de vida lleno de audacia lo convirtieron en un símbolo para los sectores más bajos de la sociedad española. Majos, chisperos, bravucones e incluso criminales lo adoraban. En un contexto en el que la nobleza española a menudo emulaba los vicios del pueblo, Pepe-Hillo se convirtió en el héroe de una clase que encontraba en su valentía y osadía una forma de escapatoria, de identidad y de orgullo.

Por otro lado, Pepe-Hillo también logró ganarse el favor de las clases más altas, algo que no era común en un torero de su clase social. Su reconocimiento en la corte y su cercanía a nobles y damas de linaje no solo se limitaban a una cuestión de admiración, sino que reflejaban la fascinación por su figura. En una España que comenzaba a experimentar los efectos de la decadencia de la nobleza, su imagen resonaba con los mismos vicios de aquellos que competían con los más bajos, en un esfuerzo por emular la vulgaridad del pueblo. Así, Pepe-Hillo se vio convertido en un icono no solo del toreo, sino de la degeneración social de su época.

6. La obra escrita y su legado taurino

A pesar de su escasa formación cultural, Pepe-Hillo dejó un legado que trasciende su vida en el ruedo. En 1796, se publicó en Cádiz el libro titulado «La Tauromaquia o Arte de torear», que se basa en las enseñanzas de Pepe-Hillo, aunque fue redactado por José de la Tixera. La obra fue un intento de sistematizar y racionalizar el arte del toreo, y en ella, Pepe-Hillo propone una visión científica del toreo, alejada de la improvisación con la que él mismo se había enfrentado a los toros.

Aunque Pepe-Hillo era conocido por su estilo impredecible y por su tendencia a improvisar, la obra refleja un intento de organizar el arte del toreo en un conjunto de reglas y principios basados en la observación y la experiencia. Esta contradicción entre su estilo personal y la teoría que promovió es lo que hace de su legado una de las paradojas más interesantes en la historia de la tauromaquia.

«La Tauromaquia de Pepe-Hillo» también es valiosa porque proporciona información detallada sobre las suerte de capa y muleta que se practicaban en su época. Como torero consumado, Pepe-Hillo no solo ejecutaba los lances tradicionales, sino que inventó muchos de ellos, algunos tan arriesgados y vistosos como el capeo de espaldas o el capeo de frente por detrás. En este sentido, su figura es crucial no solo en términos de su valentía, sino también en su contribución al desarrollo del toreo como arte y ciencia.

7. El trágico final de Pepe-Hillo

El lunes 11 de mayo de 1801 marcó el final de la vida de Pepe-Hillo en la Plaza de Toros de Madrid. La corrida que ese día se celebraba fue especialmente dramática, ya que consistía en una función doble, con una sesión matinal y otra vespertina. A pesar de haber sufrido una cogida en la mañana que lo dejó molinado, Pepe-Hillo continuó con la corrida. En la tarde, cuando entró a matar al toro Barbudo, de la ganadería de Peñaranda de Bracamonte, el torero sufrió una de las cogidas más mortales de su carrera.

El toro, al lanzarse hacia él, prendió a Pepe-Hillo por la pierna de su calzón y lo levantó en el aire. Con gran fuerza, el animal lo zarandeó de forma brutal, empitonándolo por la boca del estómago. La cornada fue tan espantosa que algunos cronistas aseguran que Pepe-Hillo perdió el sentido y quedó completamente inmóvil durante varios segundos. Tras el brutal ataque, el toro lo siguió zarandeando por más de un minuto, causando heridas mortales.

La muerte de Pepe-Hillo fue un golpe devastador para la sociedad española, tanto para las clases populares como para las más acomodadas. La figura del torero, idolatrada por todos, dejó un vacío profundo en el mundo del toreo. La conmoción fue tal que su entierro se convirtió en una manifestación de dolor popular, con multitudes lamentando la pérdida de un héroe.

8. Reflexión sobre su legado y su lugar en la historia

La figura de Pepe-Hillo simboliza muchas de las contradicciones y tensiones sociales de su tiempo. Proveniente de las capas más humildes de la sociedad, alcanzó un nivel de fama y prestigio que le permitió codearse con los más altos círculos de la sociedad española. A través de su valentía, audacia y estilo único, Pepe-Hillo trascendió su tiempo, y hoy es recordado como uno de los más grandes toreros de la historia.

Sin embargo, su legado no está exento de paradojas. Por un lado, su contribución a la teoría taurina a través de su obra escrita muestra una comprensión profunda de la técnica y el arte del toreo. Por otro lado, su vida estuvo marcada por la improvisación y el riesgo extremo, lo que le dio un carácter único y lo convirtió en un símbolo de la valentía desmesurada.

Pepe-Hillo dejó una huella imborrable, no solo como torero, sino también como una figura representativa de una época en que las divisiones sociales eran profundas y las contradicciones se reflejaban en todos los aspectos de la vida cotidiana. La muerte de este valiente torero, en plena cúspide de su carrera, subraya la fragilidad de la vida humana y la inevitabilidad de la muerte, pero también la grandeza que puede alcanzarse a través del arte, la audacia y el coraje.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "José Delgado Guerra (1754–1801): «Pepe-Hillo», El Torero Que Desafió al Destino y la Muerte". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/delgado-guerra-jose [consulta: 27 de marzo de 2026].