Diego de Carrillo de Mendoza y Pimentel (1559–1624): El Virrey Reformista que Desafió la Corrupción y el Orden Social

Contexto Histórico y Social en la España del Siglo XVI

A finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, España vivió una época de grandes contrastes. Por un lado, el país estaba en su apogeo como una de las principales potencias europeas, con un vasto imperio colonial que se extendía por América, Asia y Europa. Por otro lado, enfrentaba serias dificultades internas: los efectos del largo conflicto con los Países Bajos, las tensiones políticas en la Corte y las grandes luchas económicas, exacerbadas por el enorme gasto militar y los desafíos de gobernar un imperio global.

El reinado de Felipe II (1556–1598) dejó una huella profunda en la estructura política y social de España, marcada por una política autoritaria y centralizada. Sin embargo, fue con su sucesor, Felipe IV (1621–1665), cuando se empezó a experimentar una serie de reformas estructurales, que incluyeron el nombramiento de virreyes con perfiles militares y administrativos más estrictos, buscando modernizar y centralizar aún más la administración del imperio.

El período que abarca el ascenso de Diego de Carrillo de Mendoza y Pimentel, marqués de Gelves, corresponde a una fase crítica para la monarquía española, enfrentando la necesidad urgente de reforma interna. Con la reciente coronación de Felipe IV y la llegada al poder de su valido, Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares, España se encontraba en una encrucijada. La Tregua de los Doce Años con los Países Bajos estaba llegando a su fin, y las tensiones internacionales se agudizaban. Dentro de este contexto, la figura de Gelves aparece como un exponente de la administración rígida y autoritaria, dispuesto a imponer el orden en una Nueva España plagada de corrupción y desacuerdos sociales.

Orígenes Familiares y Clase Social

Diego de Carrillo de Mendoza y Pimentel nació en 1559 en el seno de una familia noble de la alta sociedad española. Hijo del noble Íñigo López Carrillo de Mendoza, conde de Priego, y de Juana Pimentel, su origen aristocrático le permitió desde temprana edad gozar de las ventajas que le brindaba la nobleza. Como miembro de esta élite, Gelves fue educado en un entorno de privilegios, lo que le permitió acceder a una educación de calidad y a la formación militar que caracterizó a su generación.

La familia Carrillo de Mendoza tenía una destacada presencia en la política y la administración de la época. La unión con los Pimentel reforzó la influencia de la familia en las cortes españolas y las tierras de ultramar. A través de su título de marqués de Gelves, Diego heredó una gran responsabilidad sobre tierras y propiedades, lo que consolidó su posición dentro de la nobleza de la época. Sin embargo, esta influencia no fue sólo económica; también permitió a Gelves forjar relaciones con otros miembros del círculo de poder de la Corona.

Aunque provenía de una familia aristocrática, Gelves destacó más por su carácter autoritario y su sentido del deber con la Corona que por sus lazos familiares. Esta actitud, sin embargo, le granjeó tanto aliados como enemigos dentro de la estructura social del virreinato.

Formación y Primeras Influencias

El joven Diego de Carrillo de Mendoza fue educado en la rígida tradición de la nobleza española, formándose en el respeto a la disciplina, el orden y la lealtad a la Corona. Su formación estuvo marcada por la militancia y el servicio al rey, lo que influyó profundamente en su carrera posterior. Al igual que muchos jóvenes aristócratas de la época, fue preparado para servir en el ejército, donde destacó por su valentía y capacidad de liderazgo.

Desde temprano, Gelves se integró en los tercios de la España de Felipe II, una de las fuerzas militares más formidables de la época, que luchó en las guerras europeas contra los imperios rivales, como los Países Bajos, Francia y el Imperio Otomano. Su formación en este contexto bélico le otorgó no solo destrezas militares, sino también un profundo sentido de la disciplina, la lealtad y el sacrificio por la causa real. Esta formación le permitió, además, asumir roles de importancia dentro de la administración y la política, lo que sería determinante cuando más tarde accediera a puestos de poder.

Uno de los primeros momentos cruciales de su carrera fue su participación en la campaña militar que Felipe II lideró en Portugal en 1580, que culminó con la anexión del reino lusitano a la corona española. Gelves fue parte del ejército comandado por el Duque de Alba, un ejército cuya férrea disciplina y combatividad marcarían su futuro carácter como líder. Más tarde, Gelves fue nombrado alto comandante de Sevilla y comendador de Villanueva de la Fuente, lo que consolidó su reputación dentro de las fuerzas armadas españolas.

El espíritu militar y de servicio que caracterizó a Gelves se tradujo en un profundo sentido de justicia y de lucha contra la corrupción y el desorden, lo que sería una constante a lo largo de su carrera administrativa en el virreinato de la Nueva España.

Primeros Conflictos y Decisiones Importantes

Antes de llegar a ser virrey de la Nueva España, Gelves vivió una serie de experiencias que le marcarían para siempre. En 1588, fue capturado por las fuerzas holandesas durante la fallida expedición de la Armada Invencible, lo que evidenció su coraje y resistencia en tiempos de crisis. A pesar de este revés, Gelves continuó sirviendo a la Corona en diversos frentes, incluyendo Flandes, donde combatió durante las Guerras de Flandes, y en Italia, donde estuvo al servicio de la guarnición militar de Milán.

Estas experiencias formativas no solo fortalecieron su carácter, sino que también le ofrecieron una visión más amplia de los retos que enfrentaba el imperio español. Cuando Gelves fue llamado a ocupar cargos administrativos, ya tenía una gran comprensión de la importancia de la disciplina militar y la necesidad de un control firme en los territorios bajo el control español. Este enfoque lo llevaría más tarde a imponer reformas estrictas en Nueva España, con el fin de garantizar el orden y la estabilidad en un virreinato plagado de corrupción y tensiones sociales.

En la década de 1610, Gelves fue designado virrey de Aragón, un cargo que ocupó entre 1614 y 1620. Durante este periodo, su trabajo en la administración de los bienes y recursos del Reino de Aragón le permitió consolidar aún más su reputación como un administrador eficiente y riguroso, dispuesto a implementar reformas en pro de la corona y la justicia social.

Nombramiento y Objetivos del Virrey

El 29 de abril de 1621, a la edad de 64 años, Diego de Carrillo de Mendoza y Pimentel fue nombrado virrey de la Nueva España, en un momento crucial para el imperio español. Esta designación se produjo en el marco de una España que, tras la muerte de Felipe III en 1621, experimentaba un cambio de rumbo político con la coronación de Felipe IV. El joven monarca, que contaba con un gobierno dirigido por su valido, Gaspar de Guzmán, conde-duque de Olivares, apostaba por un giro hacia una administración más eficiente y disciplinada. La situación en Nueva España, en particular, requería una intervención urgente debido a las tensiones internas, la creciente corrupción y los conflictos sociales que se desataban en el virreinato.

La elección de Gelves como virrey no fue casual. Su reputación como militar experimentado, administrador disciplinado y reformador con un sentido de lealtad inquebrantable a la Corona hizo de él el candidato perfecto para el cargo. La Corona española, necesitada de recursos para financiar las costosas campañas militares en Europa, requería que la Nueva España, fuente de grandes riquezas gracias a la minería y el comercio con las Indias, fuera más productiva y administrada de manera más eficiente. Gelves, por tanto, llegó con la misión de reafirmar la autoridad real, acabar con las corrupciones y velar por una fiscalización más estricta en las rentas reales, que eran esenciales para el sostenimiento del imperio.

La fecha de su llegada al virreinato, en septiembre de 1621, coincidió con el fin de la Tregua de los Doce Años con los holandeses, lo que marcaba el comienzo de una nueva fase de hostilidades. Además, España necesitaba urgentemente que las remesas de Indias fluyeran sin interrupciones para financiar la guerra en Europa y África. Bajo este panorama, el recién nombrado virrey se embarcó en una serie de reformas que intentarían devolver a Nueva España el control total sobre sus recursos, eliminando prácticas corruptas que frenaban la productividad económica y social.

Reformas Administrativas y Sociales

Diego de Carrillo de Mendoza y Pimentel llegó a la Nueva España con un mandato claro: implementar una serie de reformas que fortalecieran la administración virreinal, combatieran la corrupción y devolvieran la eficacia al sistema fiscal. En su primer año de gobierno, Gelves se enfrentó a uno de los problemas más críticos del virreinato: la corrupción endémica en la administración, particularmente en las instancias de la audiencia de México, que se habían enriquecido mediante prácticas ilegales, como el acaparamiento de productos esenciales como el maíz y el trigo.

La intervención de Gelves fue rápida y decisiva. Uno de sus primeros actos fue reforzar los controles aduaneros en los puertos de Veracruz y Acapulco, áreas clave para el comercio de Nueva España. También impuso sanciones severas a los funcionarios que se beneficiaban de los tratos ilícitos y confiscó los cargamentos de mercaderías ilegales. A su vez, anuló los acuerdos mediante los cuales las ciudades pagaban menos en impuestos (alcabalas) a cambio de favores a los oficiales encargados de cobrarlas. Estas reformas le ganaron la animosidad de muchos de los poderosos del virreinato, pero al mismo tiempo mejoraron las finanzas del reino, incrementando las rentas reales de 500,000 a 600,000 pesos en su primer año de gobierno.

Sin embargo, Gelves no se limitó a corregir la corrupción en las élites. También tomó medidas drásticas que afectaron a los sectores comerciales e industriales de Nueva España. Su decisión de restringir el comercio entre Nueva España y Perú, por ejemplo, perjudicó gravemente a la industria textil novohispana, que dependía de los insumos traídos desde el Virreinato del Perú. Asimismo, Gelves, en un intento por equilibrar el sistema laboral, ordenó la liberación de un número considerable de indios que se encontraban retenidos en obrajes y factorías. Esta medida, aunque bienintencionada, generó un gran malestar en las clases empresariales, que ya sufrían una escasez de mano de obra debido a las políticas de restricción laboral.

Estas reformas no solo afectaron a los poderosos terratenientes, comerciantes y miembros de la administración colonial, sino que también tuvieron un impacto directo en la vida social de la Nueva España. Gelves implementó medidas drásticas para combatir la delincuencia, el crimen y la prostitución, elementos que consideraba una amenaza para el orden público. Estas políticas, aunque respaldadas por la Corona, no fueron populares entre amplios sectores de la población, y su aplicación exacerbó las tensiones sociales en el virreinato.

Conflictos con la Clase Política y Eclesiástica

Las reformas impuestas por Gelves pronto se encontraron con una fuerte oposición de varios frentes. En primer lugar, los miembros de la audiencia de México, encabezados por el presidente Pedro de Vergara Gabiria, se sintieron amenazados por los esfuerzos del virrey por controlar sus actos corruptos y terminar con el acaparamiento de alimentos. Estos oidores, que habían sido responsables del gobierno del virreinato en los meses previos a la llegada de Gelves, no estaban dispuestos a ceder el poder que habían acumulado.

El conflicto se intensificó cuando Gelves ordenó la destitución de Vergara Gabiria el 22 de agosto de 1622, acusándolo de corrupción. Esta medida provocó una violenta reacción por parte de los oidores, que vieron en la destitución una amenaza a su influencia política. Pero la oposición a Gelves no se limitó solo a los funcionarios de la administración. En la esfera religiosa, el arzobispo de México, Juan Pérez de la Serna, se convirtió en uno de los principales enemigos del virrey. Pérez de la Serna, que ya había mostrado sus inclinaciones reformistas hacia la doctrina indígena, se enfrentó a Gelves en el terreno del derecho eclesiástico cuando el virrey arrestó a Melchor Pérez de Veráez, alcalde mayor de Metepec, por abusos de poder contra una comunidad indígena.

El conflicto escaló rápidamente a un enfrentamiento entre la autoridad eclesiástica y el poder civil. El arzobispo Pérez de la Serna excomulgó a los colaboradores de Gelves, mientras que el virrey respondía con medidas drásticas contra los eclesiásticos sublevados, lo que culminó en una serie de protestas en las iglesias de la capital. Estos disturbios, combinados con la creciente presión de la sociedad criolla y la clase dirigente, evidenciaron las dificultades de aplicar un programa reformista desde Madrid en un contexto tan complejo y volátil como el de la Nueva España.

El Tumulto de 1624 y la Deposición de Gelves

El conflicto entre el virrey Gelves y sus opositores alcanzó su punto culminante en enero de 1624, cuando estalló un tumulto popular en la Ciudad de México. El 15 de enero de 1624, las tensiones acumuladas entre el virrey, la élite política y la iglesia desencadenaron una insurrección que amenazó con desbordar la autoridad virreinal. El catalizador de la revuelta fue la excomunión de varios miembros del gobierno local, así como la dureza con la que Gelves enfrentaba los problemas sociales y económicos del virreinato. Mientras los clérigos y la sociedad criolla se alineaban con los oidores, un gran número de personas, incluyendo mestizos, mulatos, indios y sectores de la población más marginada, se unieron al desorden.

Gelves, al verse rodeado por la turba enfurecida que irrumpió en el palacio virreinal, decidió huir disfrazado de sirviente, gritando “muerte al virrey” mientras se refugiaba en un convento. La audiencia de México retomó el control del gobierno, y el virrey fue depuesto humillantemente. Este motín, que dejó un saldo de setenta muertos y heridos, evidenció las enormes dificultades para implementar un régimen autoritario y reformista en un contexto colonial tan diverso y fracturado.

La deposición de Gelves no solo fue un golpe a su figura, sino que también mostró las tensiones inherentes en la relación entre la administración imperial en Madrid y la realidad social, política y económica de las colonias. Aunque sus reformas fiscales y administrativas habían sido beneficiosas para la Corona, el método autoritario de su implementación provocó un profundo malestar que desbordó la tolerancia de la población novohispana.

La Restauración Simbólica y su Regreso a España

Tras la deposición de Gelves, el Consejo de Indias, preocupado por la imagen de estabilidad de la Corona, ordenó su restauración simbólica al cargo. El marqués de Cerralvo, quien fue nombrado como su sucesor, recibió la instrucción de que Gelves debía ser restituido temporalmente, para dar una imagen de continuidad administrativa. Así, el 31 de octubre de 1624, Gelves entregó formalmente el virreinato a Cerralvo, mientras el visitador general, Martín Carrillo y Alderete, exculpaba al marqués de cualquier responsabilidad directa en el tumulto.

Sin embargo, Gelves no pudo disfrutar de esta restitución simbólica por mucho tiempo. En 1628, emprendió el viaje de regreso a España, pero su viaje se vio truncado cuando la flota en la que viajaba fue capturada por el pirata holandés Piet Heyn en las aguas de Cuba. Este episodio retrasó aún más su retorno a la península, pero no empañó el final de una carrera marcada por la lealtad inquebrantable a la Corona y las reformas que intentaron imponer un orden en un virreinato plagado de corrupción.

Impacto y Legado de su Administración

El legado de Diego de Carrillo de Mendoza y Pimentel como virrey de la Nueva España está marcado por su esfuerzo por reformar una administración que, en sus primeros años, estuvo plagada de corrupción, abuso de poder y negligencia. Sus reformas, aunque polémicas y mal recibidas por muchos sectores de la sociedad novohispana, tuvieron un impacto real en la gestión de los recursos del virreinato y en la fiscalización de la actividad económica.

Gelves fue uno de los pocos virreyes que intentó poner en práctica los inventarios de bienes de las autoridades coloniales, una medida que fue vista como un intento de garantizar la probidad en la administración. Sus esfuerzos por controlar el comercio y la evasión fiscal, y su lucha contra la especulación, mostraron su deseo de implementar una política de orden y eficiencia, aunque muchas de sus medidas fueron recibidas con resistencia.

Su caída, sin embargo, reflejó las profundas divisiones sociales y políticas que existían en Nueva España, donde la clase criolla, el clero y los poderes locales se oponían a la autoridad central. A pesar de ser un modelo de funcionario reformista para la Corona, Gelves no logró establecer una base de apoyo suficiente entre los sectores clave del virreinato, lo que hizo su gobierno insostenible a largo plazo.

El tumulto de 1624, que resultó en su deposición, demostró que las reformas impuestas sin el apoyo de la población local o sin considerar la complejidad de las dinámicas sociales y políticas de la colonia, podían desencadenar conflictos de magnitudes imprevisibles. No obstante, el impacto de su administración y la visibilidad que logró durante su breve pero agitado mandato le dieron un lugar importante en la historia colonial de México.

Aunque su figura fue vista con desdén por muchos de sus contemporáneos, Gelves dejó una marca en la historia de la Nueva España. Su intento de imponer el orden y la disciplina, junto con sus políticas de reforma, prepararon el terreno para los virreyes que le siguieron. Aunque nunca pudo consolidar su poder, su visión reformista quedó registrada como un intento de aplicar el programa absolutista de la Corona en una sociedad colonial compleja, con tensiones que requerían más que un simple control autoritario.

Con la caída de Diego de Carrillo de Mendoza y Pimentel, la historia de su virreinato nos deja una reflexión crucial sobre la dificultad de implementar reformas radicales en contextos de desigualdad social y resistencia a la autoridad. Aunque su legado fue breve, y su caída fue una derrota política, su figura permanece como un símbolo de los intentos de la monarquía española por imponer su voluntad en el vasto y diverso territorio de América.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Diego de Carrillo de Mendoza y Pimentel (1559–1624): El Virrey Reformista que Desafió la Corrupción y el Orden Social". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/carrillo-de-mendoza-y-pimentel-diego-de [consulta: 30 de enero de 2026].