Manuel Calderón Díaz (1840-1891): El célebre picador de toros que marcó una era en la Tauromaquia

Manuel Calderón Díaz, nacido en Alcalá de Guadaira (Sevilla) el 2 de octubre de 1840 y fallecido en Madrid el 31 de mayo de 1891, fue uno de los picadores más célebres de la historia de la Tauromaquia. Con una destreza inigualable y un coraje excepcional, su nombre resuena en los anales del toreo, especialmente por su contribución al arte de la suerte de varas. Miembro de una de las dinastías más ilustres de varilargueros, su historia es inseparable de la de su familia, formada por otros grandes picadores como sus hermanos Antonio, Francisco y José, conocidos por el apodo de “Dientes”. Juntos constituyeron un pilar fundamental en el desarrollo de la Tauromaquia durante el siglo XIX.

Orígenes y contexto histórico

Manuel Calderón nació en Alcalá de Guadaira, un pequeño municipio de Sevilla, en el seno de una familia profundamente vinculada a la tradición taurina. La ciudad de Sevilla, junto con su provincia, es conocida por ser un epicentro de la cultura taurina, y desde muy joven, Calderón estuvo rodeado de este ambiente. La familia Calderón, con varios de sus miembros dedicados a la Tauromaquia, contribuyó a formar una de las dinastías de picadores más importantes de su época. Los hermanos de Manuel, Antonio, Francisco y José, apodado “Dientes”, también desempeñaron un papel clave en el desarrollo de la suerte de varas, llevando a la familia Calderón a ocupar un lugar destacado en la historia del toreo.

La Tauromaquia en el siglo XIX estaba pasando por una transformación en términos de técnica y popularidad. Aunque las corridas de toros ya eran una tradición establecida en España, durante este período, la figura del picador cobró una importancia creciente, especialmente en el contexto de las cuadrillas de los grandes matadores de la época. Manuel Calderón fue uno de los máximos exponentes de esta evolución, destacándose por su habilidad en la ejecución de la suerte de varas, una de las más complejas y peligrosas dentro de la corrida de toros.

Logros y contribuciones

La habilidad de Manuel Calderón en el ejercicio de la suerte de varas le valió reconocimiento tanto entre sus compañeros como entre los aficionados al toreo. A lo largo de su carrera, tuvo la oportunidad de formar parte de algunas de las cuadrillas más prestigiosas, entre ellas la del gran matador Rafael Molina Sánchez, conocido como “Lagartijo”, el primer Gran Califa del Toreo. El hecho de que “Lagartijo” lo incorporara a su cuadrilla es un claro indicio de la destreza y el respeto que Manuel había logrado en el mundo taurino.

En el siglo XIX, los picadores eran esenciales en el desarrollo de la corrida de toros, no solo para debilitar al toro, sino también para garantizar la seguridad de los matadores. La destreza en el uso de la lanza (o vara) requería no solo habilidad, sino también un gran valor, ya que los picadores debían enfrentarse a toros en su plena fuerza, en una labor de riesgo constante. En este sentido, Calderón destacó por su templanza y por la precisión con que ejecutaba su labor, algo que le permitió ganarse el respeto de otros toreros y aficionados.

Además de sus habilidades como picador, Manuel Calderón es recordado como una figura clave en el desarrollo de la tradición taurina de su época. Su forma de lidiar con los toros, su agilidad sobre el caballo y su destreza con la vara marcaron una época en la que la Tauromaquia vivió importantes transformaciones. En su legado, se reconoce su capacidad para enfrentar los toros más temibles y para mantenerse firme en situaciones de extremo peligro, algo que lo convirtió en uno de los grandes referentes de su tiempo.

Momentos clave

La vida de Manuel Calderón estuvo marcada por varios momentos clave, especialmente dentro de la arena. Uno de los más significativos fue su participación en la cuadrilla de “Lagartijo”, un matador que, en su época, fue considerado un verdadero ícono del toreo. La inclusión de Calderón en esta cuadrilla representó un hito en su carrera y un reconocimiento de su habilidad. La cercanía con “Lagartijo” no solo le permitió perfeccionar su técnica, sino también consolidarse como uno de los picadores más importantes de la época.

Sin embargo, el destino de Calderón se vio trágicamente marcado por un accidente que tuvo lugar en la plaza de toros de Aranjuez, en Madrid, el 30 de mayo de 1891. Ese día, el toro Lumbrero, de la ganadería del duque de Veragua, derribó su montura, dejando a Calderón gravemente herido. Aunque inicialmente se pensó que el accidente no era grave, horas más tarde el picador comenzó a experimentar un empeoramiento acelerado de su salud, lo que finalmente condujo a su fallecimiento el 31 de mayo de 1891. Esta tragedia marcó el final de una carrera brillante, pero también dejó una huella imborrable en la historia de la Tauromaquia.

A lo largo de su carrera, Calderón fue testigo de la evolución de la Tauromaquia, participando en numerosas corridas en diversas plazas de España. Su habilidad con la vara, su valentía frente a los toros y su agilidad sobre el caballo lo convirtieron en una de las figuras más respetadas en el mundo del toreo, lo que le permitió forjar una carrera de gran prestigio.

Relevancia actual

La figura de Manuel Calderón Díaz sigue siendo recordada hoy en día como uno de los grandes picadores de la historia del toreo. A pesar de que su vida se vio truncada de manera prematura, su legado perdura, especialmente dentro de la tradición taurina española. La dinastía Calderón, de la cual él fue uno de los principales exponentes, sigue siendo un referente en la historia del toreo, y su contribución a la suerte de varas continúa siendo un tema de estudio y admiración.

El legado de Calderón, junto al de sus hermanos, sigue siendo parte fundamental del imaginario colectivo de los aficionados al toreo. Hoy, su nombre se asocia a la destreza y al coraje de los grandes picadores que, como él, arriesgaron sus vidas para hacer de la Tauromaquia una forma de arte. A pesar de que las corridas de toros han experimentado muchos cambios a lo largo de los años, la figura del picador sigue siendo clave en la configuración de cada corrida, y las técnicas que Calderón perfeccionó siguen siendo una referencia para los profesionales de la Tauromaquia actual.

Sin lugar a dudas, Manuel Calderón Díaz dejó una huella imborrable en la historia de la Tauromaquia. Su valentía, destreza y dedicación al arte del toreo siguen siendo motivo de admiración para las generaciones actuales, asegurando que su figura perdure en el tiempo como una de las más relevantes dentro de la historia de los toros en España.

Cómo citar este artículo:
MCN Biografías, 2025. "Manuel Calderón Díaz (1840-1891): El célebre picador de toros que marcó una era en la Tauromaquia". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/calderon-diaz-manuel [consulta: 8 de febrero de 2026].