Simón Berasaluce Aguinagalde (1912-1993): El maestro de la vidriera vasca que conquistó el mundo
Simón Berasaluce Aguinagalde (1912-1993), reconocido vidriero y pintor español, dejó una huella profunda en el mundo del arte sacro, especialmente en el ámbito de las vidrieras. Nacido en Deva, Guipúzcoa, el 25 de abril de 1912, su legado perdura a través de una impresionante obra que abarcó desde las iglesias de su tierra natal hasta las grandes catedrales de América y Europa. A lo largo de su carrera, Berasaluce se destacó por su habilidad para fusionar la tradición medieval con las innovaciones técnicas contemporáneas, convirtiéndose en uno de los principales exponentes del arte de la vidriera del siglo XX.
Orígenes y contexto histórico
Simón Berasaluce nació en un contexto de gran tradición artística en Guipúzcoa, una provincia española rica en cultura y arte. Desde joven, mostró una fascinación por el arte sacro, lo que lo llevó a trasladarse a Barcelona en 1929 para estudiar en la Escuela Profesional de los Salesianos, donde se especializó en arte sacro. Su talento y dedicación lo condujeron a Madrid en 1931, donde fue alumno del maestro alemán Kruppel, quien lo introdujo en los secretos de la restauración y el diseño de vidrieras. Fue en esta época cuando comenzó a forjar su estilo único, que se caracterizó por un fuerte enfoque en el detalle y la expresividad.
A lo largo de los años, Berasaluce perfeccionó su arte en distintas ciudades europeas. Su estancia en París, donde residió durante doce años, marcó un antes y un después en su carrera. Fue en la capital francesa donde trabajó en la prestigiosa casa Maumejean, especializada en vidrieras. Durante su tiempo en París, realizó vidrieras para diferentes regiones de Francia, como Bretaña, Normandía y Borgoña, lo que consolidó su estilo de gran fuerza expresiva, con un uso vigoroso del dibujo y una atención meticulosa al detalle.
Logros y contribuciones
Vidrieras en Europa y América
Uno de los momentos más destacados de la carrera de Simón Berasaluce fue su participación en el diseño de las vidrieras para la iglesia del Sacré-Cœur de Montmartre, en París. Sus diseños, que fueron premiados en el concurso convocado por la Escuela de Bellas Artes de París, fueron expuestos en el Museo Carnavalet de la ciudad, lo que le valió un prestigio internacional. Aunque estas vidrieras no fueron instaladas en la iglesia debido al bombardeo de 1944, su reconocimiento como artista de renombre mundial ya estaba consolidado.
A lo largo de las décadas de 1940 y 1950, Berasaluce continuó su labor en Europa, trabajando en proyectos emblemáticos como las vidrieras de la iglesia de Belchite, en Zaragoza, donde desarrolló escenas del Antiguo Testamento que transformaron la iluminación del templo. Sin embargo, fue en Estados Unidos donde su carrera alcanzó nuevas dimensiones.
Su impacto en América
En 1952, Simón Berasaluce se trasladó a los Estados Unidos, donde se unió al estudio Hiemer & Company, y comenzó una exitosa colaboración con el vitripintor holandés Joep Nicolas. Durante veintidós años de actividad intensa, trabajó en una vasta cantidad de proyectos de vidrieras en ciudades como Nueva York, Boston, Filadelfia, y en países de América Latina como Argentina y Colombia. Se estima que Berasaluce creó más de 20,000 metros cuadrados de vidrieras en más de 800 iglesias y edificios religiosos de Norteamérica.
Una de sus obras más impresionantes fue la vidriera de San Pablo en Princeton, que mide 20 metros de altura y 12 metros de ancho, siendo la mayor de las que Berasaluce diseñó. También destacan las vidrieras de la iglesia de Santa Cecilia en Leominster, Massachusetts, que cubren casi 1,000 metros cuadrados distribuidos en 120 ventanas. Su habilidad para crear impresionantes obras de arte en vidrio le otorgó una posición de liderazgo en el ámbito del arte de las vidrieras a nivel internacional.
Obras en Guipúzcoa
A pesar de su éxito internacional, Simón Berasaluce nunca perdió su conexión con su tierra natal. Entre sus trabajos más destacados en Guipúzcoa se encuentran las seis vidrieras realizadas en la iglesia parroquial de Santa María de la Asunción de Deva en los años cincuenta. También destacan sus trabajos en el camarín de la Virgen de Iziar y en Muxibar de Arrasate, además de sus diseños para los colegios Belén y Eskibel de San Sebastián.
Un ejemplo significativo de su obra en Guipúzcoa es el boceto original de una de las vidrieras de Deva, que se expone en el Museo Diocesano de San Sebastián. Además, dejó un importante legado en la iglesia parroquial de San Miguel Arcángel de Aguinaga de Eibar, donde su Via Crucis realizado para una iglesia de Guatemala es conservado y apreciado por los fieles.
Momentos clave
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Premio en el concurso del Sacré-Cœur de París (1940): Las vidrieras diseñadas por Berasaluce para la iglesia del Sacré-Cœur fueron premiadas en un concurso internacional, marcando un hito en su carrera.
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Colaboración en Estados Unidos (1952-1974): Su participación en el estudio Hiemer & Company y su colaboración con Joep Nicolas llevaron a Berasaluce a diseñar vidrieras en más de 800 iglesias en América del Norte.
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Vidriera de San Pablo en Princeton (1974): La vidriera de 20 metros de altura y 12 metros de ancho se considera una de las obras más grandes y representativas de su carrera.
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Trabajo en la iglesia de Santa Cecilia de Leominster (1980): Una de sus obras más ambiciosas, con casi 1,000 metros cuadrados de vidrieras distribuidas en 120 ventanas.
Relevancia actual
El legado de Simón Berasaluce sigue vivo en la actualidad, tanto en Europa como en América. Sus obras continúan siendo una referencia en el arte de la vidriera y su influencia ha trascendido fronteras. La calidad y la belleza de sus vidrieras, tanto en la técnica como en la expresión artística, siguen siendo admiradas por expertos y amantes del arte en todo el mundo.
Su enfoque hacia la vidriera como un “tapiz transparente de colores” sigue siendo una lección de estética y técnica para las generaciones actuales de artistas y restauradores. Berasaluce consideraba que la belleza no siempre radicaba en la figura, sino en las líneas y colores, y ese enfoque sigue vigente en muchos de los trabajos contemporáneos que se realizan en este campo.
Conclusión
Simón Berasaluce Aguinagalde fue un hombre cuya vida estuvo marcada por una pasión inquebrantable por el arte de la vidriera. A lo largo de su carrera, supo combinar la tradición con la innovación, y su legado sigue siendo una parte fundamental del patrimonio artístico mundial. Sus vidrieras no solo embellecen iglesias y templos, sino que también cuentan historias de un hombre que dedicó su vida a crear belleza a través del vidrio, un material que, bajo su mirada, cobraba vida y transformaba el espacio.
MCN Biografías, 2025. "Simón Berasaluce Aguinagalde (1912-1993): El maestro de la vidriera vasca que conquistó el mundo". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/berasaluce-aguinagalde-simon [consulta: 25 de enero de 2026].
