Maurice Barrès (1862–1923): El Ascenso de un Narrador y Pensador Conservador
Orígenes y Primeros Años en Charmes-sur-Moselle
Maurice Barrès nació el 22 de septiembre de 1862 en Charmes-sur-Moselle, una pequeña localidad del departamento de Vosges, en la región de Lorena, Francia. Criado en una familia que le inculcó un profundo respeto por la tradición, Barrès pronto se sintió atraído por el mundo intelectual y cultural. Desde joven, mostró una inclinación hacia las letras y las humanidades, y sus primeros años fueron marcados por un entorno que favorecía la formación académica.
Durante su adolescencia, Barrès asistió al liceo de Nancy, donde comenzó a experimentar un despertar literario que marcaría su futuro. En este entorno académico, se sumergió en la lectura de grandes autores franceses, cuyas obras moldearon su perspectiva literaria. Entre los autores que influyeron de manera significativa en su pensamiento se encontraban Théophile Gautier, Charles Baudelaire y Gustave Flaubert. Estas lecturas alimentaron su fascinación por la estética y la búsqueda de una expresión literaria que trascendiera las limitaciones del racionalismo y el materialismo de la época.
Formación Académica y Llegada a París
Tras completar su educación secundaria, Barrès se trasladó a París en 1882 para continuar sus estudios en la Universidad de Derecho. No obstante, su interés por el Derecho nunca fue tan profundo como su pasión por la literatura, por lo que pronto se integró en los círculos literarios de la capital francesa. Fue en París donde comenzó a interactuar con figuras destacadas de la literatura francesa y a forjar su carrera como escritor. Se asoció principalmente con los parnasianos, un movimiento literario que defendía la perfección formal y la independencia del arte frente a las influencias externas, como la política o la moral.
En paralelo a sus estudios académicos, Barrès se dedicó a escribir y a colaborar en diversas revistas literarias. Su entrada en la vida intelectual parisina le permitió establecerse como una figura destacada dentro de los círculos literarios, donde su estilo se iba afinando y sus ideas tomando forma. Sin embargo, Barrès también se sentía desconectado de las corrientes predominantes en la literatura francesa de la época, dominadas por un racionalismo escéptico que representaban autores como Anatole France. Esta desafección lo llevó a reflexionar sobre la necesidad de una renovación en la literatura, que conectara de manera más profunda con la experiencia humana y los valores tradicionales.
«Le culte du moi» y la Revolución del Individualismo
Con la intención de presentar una nueva visión de la literatura que se oponía a las tendencias racionalistas y materialistas de la época, Barrès emprendió la escritura de una trilogía titulada Le culte du moi (El culto del yo), que fue publicada entre 1887 y 1891. En estas tres novelas, Sous l’oeil des barbares (Bajo la mirada de los bárbaros), Un homme libre (Un hombre libre) y Le jardin de Berenice (El jardín de Berenice), Barrès propuso una nueva concepción del individuo. En lugar de una visión racionalista y científica, defendió una visión mística y armoniosa de la personalidad humana.
El punto central de estas obras era la exaltación del «yo» como la única realidad auténtica y tangible. Barrès se alejaba del racionalismo que dominaba la intelectualidad de su tiempo y proponía una conexión más profunda con las emociones, la espiritualidad y el sentimiento personal. Sin embargo, en la segunda novela de la trilogía, Un homme libre, su concepción del «yo» evoluciona. De un individualismo radical y ególatra, Barrès comienza a adoptar una perspectiva más nacionalista y tradicionalista, entendiendo el individuo como un producto de su cultura y su historia. Así, el «yo» se convierte en un eslabón de una cadena más grande, que trasciende la individualidad para abrazar el legado de los ancestros.
Este giro ideológico reflejó el proceso de maduración de Barrès como pensador y escritor, quien ya comenzaba a vislumbrar la necesidad de recuperar los valores tradicionales frente al creciente influjo del racionalismo burgués.
Primeras Involucraciones Políticas: Diputado y Fundador de la Prensa Nacionalista
En 1889, Barrès dio el salto a la política al ser elegido diputado por la ciudad de Nancy, lo que marcó el comienzo de su carrera como político. Su entrada en la arena política estuvo marcada por su adhesión a una ideología conservadora, nacionalista y, más tarde, antisemita. A lo largo de su vida, Barrès sería conocido por su defensa de un nacionalismo exacerbado, que contrastaba con la visión republicana y progresista de la sociedad francesa de la época.
Además de su carrera política, Barrès fundó en 1894 el periódico La Cocarde, un medio de comunicación destinado a promover sus ideales conservadores y nacionalistas. A través de sus artículos, Barrès se presentó como un firme defensor de los valores tradicionales, del catolicismo y de la identidad nacional frente a las influencias extranjeras. Esta orientación ideológica se hizo aún más evidente cuando, en el contexto del Caso Dreyfus, Barrès adoptó una postura vehemente contra los defensores de Dreyfus, acusados injustamente de traición. Barrès aprovechó la controversia para reforzar su retórica antisemita, atacando tanto al ejército como a la sociedad judía, y alineándose con el grupo de intelectuales que compartían su visión conservadora.
Este periodo en la vida de Barrès es crucial, ya que no solo define su orientación política, sino que también marca el principio de una obra literaria cada vez más impregnada por sus ideales conservadores. La vinculación de la literatura con la política sería una constante en la obra de Barrès, quien nunca consideró que la escritura y el compromiso político fueran esferas separadas.
«La novela de la energía nacional» y la crítica a la sociedad contemporánea
A medida que avanzaba en su carrera literaria y política, Maurice Barrès continuó profundizando en su visión conservadora y nacionalista a través de su obra narrativa. Entre 1897 y 1902, publicó su ciclo más ambicioso de novelas, titulado Le roman de l’énergie nationale (La novela de la energía nacional), que incluye tres obras fundamentales: Les déracinés (Los desarraigados), L’appel au soldat (La llamada al soldado) y Leurs figures (Sus rostros). Estas novelas constituyen un fresco sombrío de la sociedad francesa de finales del siglo XIX y principios del XX, marcada por lo que Barrès percibía como una decadencia cultural y moral.
En Les déracinés, la primera obra de la serie, Barrès describe a un grupo de jóvenes idealistas que, despojados de sus raíces y valores tradicionales, buscan un propósito en una sociedad que, según él, ha perdido su identidad. La novela se convierte en una denuncia contra el cosmopolitismo, el individualismo excesivo y el abandono de las virtudes nacionales y espirituales que Barrès consideraba fundamentales para la estabilidad de Francia. Esta obra refleja su creciente preocupación por la disolución de la cultura tradicional francesa, ante el avance del liberalismo y el racionalismo.
En L’appel au soldat, Barrès lleva a sus personajes a la guerra, utilizando el conflicto como metáfora de la lucha por la supervivencia del espíritu nacional frente a la corrupción política y social. Aquí, la novela toma un tono patriótico y militarista, donde la figura del soldado representa los valores de sacrificio, honor y lealtad que él consideraba esenciales para la restauración de Francia. En Leurs figures, la tercera y última entrega del ciclo, Barrès continúa explorando las consecuencias de lo que él veía como el vacío moral de la Francia contemporánea. La obra está llena de críticas a la clase política corrupta, que Barrès veía como el principal obstáculo para la regeneración del país.
A través de estas novelas, Barrès no solo desarrollaba su crítica a la sociedad francesa de su tiempo, sino que también plasmaba su visión de un país que debía recuperar sus raíces tradicionales, su conexión con el pasado y sus valores espirituales. El catolicismo, en particular, ocupaba un lugar central en su concepción de la nación, siendo el pilar sobre el cual debía reconstruirse la unidad cultural y moral de Francia.
Nacionalismo Exacerbado y Proximidad con el Fascismo
La postura de Barrès respecto al nacionalismo y al conservadurismo fue radicalizándose con los años, alcanzando niveles que lo acercaron a las ideologías fascistas que surgirían en Europa en las siguientes décadas. En sus obras de principios del siglo XX, como Les amitiés françaises (Las amistades francesas), Au service de l’Allemagne (Al servicio de Alemania), Colette Baudache (1909) y La colline inspirée (La colina inspirada), Barrès continúa exaltando un nacionalismo exacerbado que, en muchos aspectos, prefigura el surgimiento de movimientos totalitarios en Europa.
El patriotismo radical y la defensa de una identidad nacional pura y excluyente fueron los temas predominantes en estas novelas. Barrès no solo defendió el nacionalismo, sino que también justificó la exclusión de aquellos que, según él, representaban una amenaza para la unidad y la espiritualidad de la nación. La cultura semita, representada en gran parte por la figura del judío, fue uno de los blancos de su crítica, y su antisemitarismo se intensificó durante este periodo.
Al mismo tiempo, Barrès se vio cada vez más involucrado en la política de la derecha francesa. Se unió a grupos como la Ligue de la Patrie Française (Liga de la Patria Francesa), que luchaba por la restauración de los valores tradicionales frente al avance del liberalismo y el socialismo. Esta organización, conocida por su apoyo al nacionalismo extremo, también abogaba por la supresión de las libertades democráticas y la instauración de un gobierno autoritario, lo que refleja la orientación cada vez más radical de Barrès.
La cercanía ideológica de Barrès con los movimientos que más tarde serían conocidos como fascistas es evidente, especialmente en su glorificación de la guerra, el militarismo y la espiritualidad católica como elementos fundamentales para la regeneración nacional. Esta visión, sin embargo, fue rechazada por gran parte de la sociedad francesa y otros escritores de la época, lo que relegó a Barrès a un papel de marginalidad dentro de la escena literaria francesa en la primera mitad del siglo XX.
La Política y la Relación con la «Ligue de la Patrie Française»
Además de su actividad literaria, Barrès continuó su carrera política, convirtiéndose en una figura central en el conservadurismo francés. En 1906, fue elegido diputado por París, lo que consolidó su influencia tanto en el ámbito literario como en el político. Su vinculación con la Ligue de la Patrie Française fue crucial en esta etapa de su vida, ya que le permitió reforzar su ideología nacionalista y antisemita, alineándose con otros intelectuales de la derecha francesa que compartían sus puntos de vista.
Barrès fue un firme defensor del nacionalismo extremo, abogando por una Francia más cerrada y excluyente, donde los valores católicos y patrióticos dominaran por encima de las corrientes progresistas. A lo largo de su carrera política, fue conocido por su retórica incendiaria, que le valió tanto admiradores como detractores. Su participación activa en la política también incluyó su defensa del tradicionalismo y su oposición a las reformas democráticas que consideraba una amenaza para el orden social.
En 1906, Barrès fue elegido miembro de la Academia Francesa, un reconocimiento a su influencia en la literatura y la cultura francesa. Sin embargo, su posición en la Academia fue objeto de controversia, dada su ideología extremista y su apoyo a causas políticas que muchos consideraban incompatibles con los valores republicanos y democráticos de la Tercera República.
La Literatura de Viajes y la Influencia del Oriente
Paralelamente a su obra política y nacionalista, Barrès cultivó una faceta más amena y elegante en su producción literaria: la literatura de viajes. En estas obras, como Du sang, de la volupté et de la mort (Sobre la sangre, la voluptuosidad y la muerte, 1894), La mort de Venise (La muerte de Venecia, 1902), Le voyage de Sparte (El viaje a Esparta, 1906) y Un jardin sur l’Oronte (Un jardín junto al Oronte, 1922), Barrès se alejó de su discurso político y se adentró en la fascinación por la cultura oriental.
En sus libros de viajes, Barrès mostraba una visión más filosófica y estéticamente refinada, en la que la espiritualidad oriental, la sensualidad y el misticismo tenían un papel central. Su estilo elegante y armonioso reflejaba su fascinación por culturas ajenas, como la árabe y la griega, a menudo descritas con un toque de cinismo y distancia, pero siempre apreciadas por su riqueza espiritual.
El libro Un jardin sur l’Oronte es quizás su obra más destacada en este género, donde, al situar la leyenda medieval de Tristán e Isolda en un contexto árabe, Barrès fusiona la mitología europea con la cultura oriental, creando una narrativa que refleja tanto su pasión por el exotismo como su deseo de escapar de los conflictos que dominaban la política francesa de su tiempo.
MCN Biografías, 2025. "Maurice Barrès (1862–1923): El Ascenso de un Narrador y Pensador Conservador". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/barres-maurice [consulta: 25 de febrero de 2026].
