Augústulo, Rómulo Augusto (¿-476): El último emperador de Roma
Rómulo Augústulo, el último emperador del Imperio Romano de Occidente, es una figura histórica cuyo reinado de solo 307 días marca simbólicamente el fin del Imperio Romano en Occidente. Elevado al trono en un contexto de caos y desintegración del poder imperial, su breve mandato ocurrió en un momento crítico para Roma, caracterizado por revueltas internas, presión externa de pueblos bárbaros y la continua fragmentación del Imperio. A través de su historia, podemos entender el ocaso de una de las civilizaciones más grandes de la historia, que, a pesar de su disolución, dejó un legado que perdura hasta nuestros días.
Orígenes y contexto histórico
Rómulo Augústulo nació bajo el nombre de Flavio Momilo Rómulo y era hijo de Orestes, un alto oficial en el Imperio Romano que jugó un papel decisivo en su ascenso al trono. El contexto histórico en el que Rómulo llegó al poder fue una época de agitación. El Imperio Romano de Occidente se encontraba sumido en una crisis política, económica y militar, con constantes invasiones de pueblos bárbaros y luchas internas por el control del trono.
En 475, el emperador Julio Nepote fue depuesto por su propio magister militum, Orestes, quien encabezó una rebelión exitosa contra el emperador. Rómulo, siendo solo un niño de diez años, fue proclamado emperador, una maniobra de su padre para consolidar el poder en manos de su familia. Este episodio de la historia es especialmente significativo porque marca la última vez que el trono de Occidente fue ocupado por un emperador legítimo antes de la caída definitiva del Imperio Romano en Occidente.
En este momento, el control del Imperio Romano de Occidente se había reducido prácticamente al territorio italiano, y la autoridad imperial era solo nominal. Las invasiones de los pueblos germánicos, como los visigodos, y los conflictos internos entre las facciones del Imperio pusieron de manifiesto la fragilidad del imperio.
Logros y contribuciones
El reinado de Rómulo Augústulo, si bien extremadamente breve, fue el último intento de mantener una semblanza de control imperial en Occidente. Sin embargo, su capacidad de gobernar era muy limitada debido a su corta edad y a la intervención directa de su padre, Orestes, quien manejaba los asuntos del estado. El verdadero poder detrás del trono de Rómulo era Orestes, quien había ascendido al poder gracias a su antigua lealtad a Atila, el líder huno.
El reinado de Rómulo Augústulo no dejó una marca significativa en cuanto a reformas o logros específicos. Su principal “contribución” fue ser el último emperador formalmente reconocido del Imperio Romano de Occidente. Su ascenso al trono fue un reflejo de la crisis de autoridad que aquejaba al Imperio, y su caída marcó el fin de una era histórica.
Momentos clave
El ascenso de Rómulo Augústulo fue un evento cargado de simbolismo. Orestes, después de derrocar a Julio Nepote, proclamó a su hijo emperador el 31 de octubre de 475, buscando consolidar el poder en manos de su familia. En un gesto de humillación para el Imperio Romano de Oriente, Rómulo fue elevado al trono en lugar de Julio Nepote, quien, a pesar de su destitución, continuó siendo reconocido como emperador legítimo en Oriente.
En cuanto a los eventos de su reinado, uno de los momentos más cruciales fue el descontento de los mercenarios bárbaros que servían en el ejército romano. Estos soldados, provenientes de tribus germánicas como los hérulos, sciros, torcilingios y rugios, se vieron privados de los beneficios prometidos, como tierras a cambio de su servicio. El rechazo de Orestes a satisfacer sus demandas de tierras condujo a una revuelta encabezada por Odovacro, un oficial sciro.
El 28 de agosto de 476, Odovacro derrocó a Orestes y, tras capturarlo, lo ejecutó. Pocos días después, Rómulo Augústulo fue depuesto y llevado al exilio en el castillo de Lucullanum, cerca de Nápoles, donde vivió bajo la protección de Odovacro. Su reinado de solo 307 días fue el último intento fallido de mantener el control romano sobre Occidente.
Relevancia actual
La figura de Rómulo Augústulo, aunque a menudo vista como un emperador de corta relevancia, tiene una importancia simbólica significativa. Su caída representó el fin formal del Imperio Romano de Occidente y el inicio de una nueva era en la historia europea, marcada por la consolidación de los reinos bárbaros y la eventual ascensión del Imperio Bizantino, que sucedió a la antigua Roma.
Rómulo, además, es recordado por su nombre, que remite al mítico fundador de Roma, Rómulo, lo que genera una paradoja histórica interesante: el último emperador romano de Occidente llevaba el nombre del primer fundador de Roma, reflejando cómo, de alguna manera, el ciclo de la grandeza de Roma llegó a su fin.
Al ser desterrado, Rómulo Augústulo fue enviado a un monasterio, donde fundó una comunidad religiosa alrededor de los restos de San Severino. Su vida posterior fue tranquila, alejada de la política, pero aún así siguió siendo una figura simbólica en las discusiones sobre la legitimidad imperial, especialmente en los debates entre el Imperio Romano de Oriente y los reinos bárbaros.
A pesar de ser depuesto como emperador, su nombre se asocia con la caída de Roma, y su figura es estudiada como el último vestigio del poder imperial en Occidente. La historia de su vida y su reinado ha servido de inspiración para muchos relatos históricos y políticos sobre la decadencia y caída de grandes imperios.
Rómulo Augústulo y los últimos días del Imperio Romano
La caída de Rómulo Augústulo no fue un acontecimiento aislado, sino que formó parte de un proceso largo y doloroso de desintegración del Imperio Romano de Occidente. Desde la época de Julio Nepote hasta la ascensión de Odovacro, el Imperio fue testigo de cómo las estructuras de poder se desmoronaban bajo la presión interna y externa. La creciente influencia de pueblos bárbaros, como los visigodos liderados por Eurico, y la incapacidad de los emperadores romanos para mantener el control militar y territorial fueron factores determinantes en el colapso final.
Tras la caída de Rómulo, el Imperio Romano de Occidente dejó de existir como una entidad política unificada. El reino de Italia pasó a ser gobernado por Odovacro, quien, en lugar de asumir el título de emperador, se proclamó rey de Italia, consolidando así el dominio bárbaro en la región.
La figura de Rómulo Augústulo sigue siendo fundamental en la historia romana, no solo como el último emperador de Occidente, sino como un símbolo del fin de una era. La transición del Imperio Romano a los reinos bárbaros inauguró la Edad Media, un período de transformación cultural y política que sentó las bases de la Europa medieval.
Bibliografía
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MCN Biografías, 2025. "Augústulo, Rómulo Augusto (¿-476): El último emperador de Roma". Disponible en: https://mcnbiografias.com/app-bio/do/augustulo-romulo-augusto-emperador-de-roma [consulta: 15 de febrero de 2026].
